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lunes, 11 de marzo de 2013

Carolus Rex

¡Hola, gentes del lugar!
Antes de irme para Salamanca, me gustaría actualizar el blog para no dejaros colgados.
Hoy, seguiremos dándole patadas a la historia pero antes de todo, os recuerdo que el concurso de relatos ucrónicos sigue abierto y que tenéis de plazo hasta el día 29 de este mes. Por ahora solo me ha llegado uno.
Hmmmm... Creo que va siendo hora de enviaros a Pedro.

-¡Ocupado! Estoy construyendo un navío de setecientos puentes.
-¿No crees que eso se hundirá?
-Soy el zar más molón de la historia de Rusia. Puedo hacer lo que me salga de ahí.

¡Cagüen! ¿Y ahora que hago?
-¡Envíame a mí! La gente se caga cuando ve mi cara. Creen que he sufrido algún horrible accidente industrial o algo así.
-Carlos, la mayoría de gente no te conoce si no ha estudiado historia de Suecia o de Rusia.
-¡¿QUÉ?! ¡Tío! ¡Pero si me han dedicado un disco de Heavy Metal! ¡Haz algo! ¡Háblales de mí! ¡Es una orden!
-¡Joder! Te pareces a Ekaterina.
-Porque te inspiraste en mí para crear al personaje.
-Cierto.

Bueno, tendré que hacerle caso.
Damas y caballeros, con todos ustedes Carlos XII de Suecia.

A finales del siglo XVII y principios del XVIII, Suecia estaba en la cresta de la ola internacional gracias al legado dejado por Gustavo Adolfo II, el León del Norte. Carlos nació en esa época, en 1682.
Hijo de Carlos XI, el bueno de Carlos había nacido para la guerra. Desde pequeñito estaba obsesionado con todo aquello relacionado con mosquetes, cañones y demás. 
Fue coronado en 1697. Las demás potencias europeas pensaban que un chaval de 18 años no podría con el peso de la corona y que Suecia estaba servida en bandeja para quien la quisiera. El problema es que no conocían a Carlos. Su bautismo de fuego llegó con la Gran Guerra del Norte, un conflicto en el que se enfrentaron Suecia contra Dinamarca y Rusia por el control del Báltico. No quiero liaros con esta guerra, así que os cuento que, tras este conflicto, el Báltico se convirtió en un mar sueco y Carlos recibió el apelativo de "el Alejandro Magno del norte". La educación militar que había recibido desde pequeño había convertido a nuestro protagonista en todo un estratega, un táctico que podía saber que hacer con solo echar un vistazo al campo de batalla. Todos estaban asombrados al ver tal mente privilegiada para la guerra en un cuerpo tan joven.

Valiente, orgulloso y cabezota. Así era descrito por algunos eruditos de la época.
Ningún ejército podía hacerle frente. Donde otros generales podían fallar, Carlos siempre acertaba. Sus soldados le seguían incluso al mismísimo infierno debido a su arrollador carisma. De hecho, él era el pilar en el que se sostenía el ejército sueco ya que era el único que podía poner paz entre sus oficiales, los cuales estaban peleados entre sí. Su principal ventaja fue su principal inconveniente: su mente solo pensaba como un soldado, nunca como un rey. Pensaba que la política solo funcionaba después de darle una lección al enemigo en el campo de batalla y eso, a la larga, puede ser más perjudicial que beneficioso.

Pero incluso los grandes hombres cometen errores y Carlos cometió el peor de todos: invadir Rusia.
Aunque sabía aprovecharse de la adversidad, Carlos no contaba con el frío de la estepa y las tácticas de campo quemado llevadas acabo por Pedro.
Sería en 1709, en la localidad de Poltava donde Carlos vería frenado su avance. No os voy a contar la batalla de pé a pá pero si como la perdió Carlos. El culpable de la derrota sueca fue una bala. Sí. Mientras Carlos comandaba a sus tropas montado en su caballo, un tirador ruso vió la oportunidad y abrió fuego contra el rey. La bala impactó en uno de los tobillos de Carlos. Al ver al rey siendo postrado en una litera, el pánico cundió entre los suecos. Al no tener el liderazgo de su carismático monarca, los oficiales suecos tomaron el relevo y ya he comentado lo mal que se llevaban entre ellos. La falta de organización acabó con la retirada de Rusia de los suecos.

Carlos y sus hombres huyeron a Turquía, donde el Sultán les abrió las puertas de par en par y le concedió asilo político al ser el mortal enemigo de los rusos.
El rey volvió sano y salvo a Suecia para comenzar una nueva campaña contra los noruegos.
Sin embargo, no tendría tanta suerte como en Poltava. En 1718, durante el asedio de la fortaleza de Fredriksten, un proyectil atravesó la cabeza del rey mientras inspeccionaba los trabajos de unas trincheras. Lo curioso es que no se sabe si fue un disparo realizado por los defensores o por algún soldado sueco descontento.
Con la muerte de Carlos, el imperio sueco terminó.

¡Nos vemos!


martes, 5 de febrero de 2013

Los huesos del rey.

¡Hola, camaradas!
Iba a escribir un post sobre Joachim Murat pero lo aparco para más tarde porque, como muchos sabréis, la noticia histórica y arqueológica de esta semana es que han encontrado el esqueleto de Ricardo III de Inglaterra.


Retrato de Ricardo III

Arqueólogos de la Universidad de Leicester, en Inglaterra, llevaban bastante tiempo buscando el cadáver del monarca en un aparcamiento de la localidad, donde se creía que estaba enterrado. Tras varios años de trabajo, en una de las parcelas de excavación se encontró este esqueleto que tras un análisis de ADN con la técnica del Carbono 14 se cree que tenga toda la pinta de ser el de Ricardo.
El posible esqueleto de Ricardo III

Los restos de "heridas" en diversas partes del cuerpo demuestran que este hombre murió en combate, al igual que el rey.  Dos de estas heridas, una de un arma afilada que quitó un trozo de hueso y la del craneo, parecen pertenecer a las causadas por una alabarda, arma que según cuentan los cronistas fue la que dio muerte a Ricardo.
También cabe destacar la escoliosis que sufría el rey, con una columna vertebral impactantemente retorcida. Lloro con solo pensar en los dolores de espalda que debía sufrir. Sin embargo, Ricardo ha pasado a la historia por ser un gran militar, capaz de liderar a sus ejércitos en el campo de batalla a pesar de esta deformación.

Para el que no lo conozca, Ricardo III es una de las figuras clave de la llamada "Guerra de las Rosas" que enfrentó a las dos facciones de la dinastía de los Plantagenet, York y Lancaster, por el trono de Inglaterra desde 1455 hasta 1485, cuyo final supuso la llegada al trono de los Tudor.
Ricardo III formaba parte de la facción de los York y se enfrentó a los Lancaster en la batalla de Bosworth, en 1485. Durante el transcurso de la batalla, Ricardo vio la oportunidad de acabar con Enrique Tudor, líder de los Lancaster, llevando acabo una carga de caballería que ha sido tildada como el mayor acto de temeridad de la historia. Al perder el ímpetu de la carga y al estar sobre terreno pantanoso, el caballo de Ricardo quedó atrapado en el fango y fue herido de muerte. El rey fue rodeado por las tropas de los Lancaster. Antes que huir, Ricardo luchó hasta el final. Se cuenta que fue un alabardero el que le dio muerte.

Para la posteridad, Ricardo ha sido descrito no solo como un hombre valiente sino también como un tirano. Shakespeare, en su obra de teatro "Ricardo III", lo describe como un ser que sería la envidia de Maquiavelo: arrogante, malhumorado y siempre dispuesto a todo con tal de mantener su poder.
Sin embargo, algunas fuentes nos dan un retrato más agradable del monarca.

Y eso es todo.
Os prometo que Murat será el siguiente. ¡Nos vemos!

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Rey y León.

¡Hola, amantes de la historia!
Después de este largo paréntesis debido a circunstancias académicas, vamos a darle de lleno otra vez a todo lo relacionado con la historia de la humanidad.
El tema del post que vais a leer fue sugerido por Bretema. Hoy, vamos a conocer a una de las grandes figuras del siglo XVII: Gustavo Adolfo II de Suecia, el León del Norte.

Aviso: prohibido leer este post sin esta canción de fondo.


A inicios del siglo XVII, Suecia no era ni por asomo una gran potencia. Tan solo ocupaba un lugar importante en el norte de Europa gracias a sus contactos con la todopoderosa Liga Hanseática.
Sin embargo, esta situación cambió cuando el rey Carlos IX murió en 1611. Su hijo, Gustavo Adolfo, heredó la corona sueca a la edad de 16 años, siendo coronado en 1617 al cumplir la mayoría de edad.
El estado en el que el joven rey había heredado el trono era lamentable: Suecia estaba en una guerra interminable con Polonia debido a que su rey, Segismundo III, también era heredero directo al trono sueco. Además, a los daneses se les había metido entre ceja y ceja reconquistar los antiguos territorios suecos que pertenecieron en el pasado a la corona danesa. Sumadle a eso que el ejército sueco de principios del XVII era el más atrasado de Europa.
Pero Gustavo demostró ser una persona digna de su cargo. Había sido educado en el arte de la guerra desde pequeñito, lo que le reportó grandes conocimientos a nivel táctico y estratégico. Como dato curioso, también le gustaba la cultura clásica, pudiendo hablar y escribir perfectamente en latín y en griego.

Lo primero que hizo fue remodelar por completo el anquilosado ejército sueco, tomando el testigo de su padre, el cual intentó iniciar esta reforma. En esta época, el ejército sueco usaba el mismo sistema de tercios que el ejército español. Sin embargo, el paso del tiempo demostró que esta forma de hacer la guerra estaba ya obsoleta. Padre e hijo se fijaron en el sistema holandés de combate, el cual aprovechaba mejor las nuevas tecnologías militares de la época: creación de milicias, tácticas de artillería avanzadas, nuevos tipos de formaciones, etc. Así, cuando Gustavo heredó el trono, envió a sus mejores generales a Holanda para aprender estas nuevas técnicas, así como compró armamento y mercenarios al país de los tulipanes.

La primera gran prueba para nuestro protagonista fue la guerra contra Polonia.
No quiero pararme a contar batalla por batalla así que lo haremos rápido. Dejando al lado el hecho de que el rey polaco podía optar a heredar el trono sueco, Gustavo convirtió esta guerra en una lucha entre protestantes y católicos. Aislar a Polonia era fundamental y parecía que la cosa iba a funcionar ya que el nuevo ejército sueco era imparable. Por desgracia, Danzig jamás cayó a manos suecas por lo que la guerra no fue un triunfo aplastante. Lo peor llegó cuando el Sacro Imperio envió tropas para ayudar a las ciudades polacas católicas que habían sido asediadas por los suecos.
Como veis, esta fue la antesala de la Guerra de los Treinta Años.

Suecia formaría parte del bando protestante en esta guerra interminable en el año 1628.
No obstante, Gustavo ya visitó Alemania en 1620 para casarse. Su estancia en este país fue la piedra de toque para sus reformas militares. A su vuelta a Suecia, Gustavo redujo el número de soldados de una compañía a 150 y publicó sus "Artículos de Guerra" para acabar de una vez con la indisciplina que campaba a sus anchas por el ejército sueco.
Tras las conquistas de los principados alemanes protestantes por parte de los católicos alemanes, Gustavo decidió que ya era hora de darle una lección a los Habsburgo. Se alió con estos principados y con algunos de los enemigos de la corona hispano-alemana en Europa. Pasmáos, pues Suecia recibió ayuda económica en 1629 del mismísimo cardenal Richelieu.

El 25 de junio de 1630, Gustavo desembarca en Alemania. Cuenta la leyenda que el mismo día en que ocurrió esto las nubes se transformaron en guerreros que luchaban en encarnizadas batallas y que los niños que nacieron en ese momento lo hicieron con graves malformaciones.
Aunque esto sea más bien producto de la imaginación, no es de extrañar que la llegada de Gustavo a Alemania supuso un gran cambio en la guerra. El avance sueco era imparable.
Sería en la batalla de Breitenfeld, el 7 de septiembre de 1631, donde Suecia demostraría su nueva capacidad armamentística, aniquilando al ejército católico y abriendo las puertas del país al rey sueco.
En 1632, Gustavo controlaba todo el curso del Danubio a su paso por Alemania. Estas conquistas imparables fueron las que le dieron el apodo del "León del Norte".

Sin embargo, Gustavo encontró la horma de su zapato en Albrecht von Wallenstein, el mejor mariscal con el que los ejércitos imperiales podían contar. Nuestro protagonista, como buen estratega, sabía que debía de tomarse a este personaje muy en serio. En la batalla de Nuremberg, Gustavo conoció su primera derrota a manos de este gran militar al no poder acabar con los campamentos que los alemanes habían levantado alrededor de esta ciudad. Para colmo, Wallenstein se las ingenió para cortarle la retirada a los suecos invadiendo a Sajonia, uno de los estados aliados con Gustavo.

El fin llegaría en la batalla de Lützen, el 22 de junio de 1634.
Aunque el ejército sueco ganó esta batalla, Gustavo no pudo ver la victoria de sus hombres. El "León del Norte" hacía gala de su epíteto: valiente y decidido, siempre quería estar en primera línea de combate. Otra de sus máximas era que ninguno de sus hombres sería abandonado si él podía ayudarlo. Esa fue su perdición. Viendo que una de sus compañías de infantería estaba demasiado expuesta al enemigo, decidió liderar una carga de caballería para protegerla. Sin embargo, al ir en la punta de la carga, era un blanco demasiado fácil para un buen tirador. Un disparo le atravesó el brazo, otro hirió a su caballo y un tercero le acertó en la espalda, cayendo de su montura y siendo arrastrado por esta unos metros al quedarse uno de sus pies enganchado en un estribo.

El león había sido cazado pero su rugido siguió oyéndose a lo largo de los siglos.

domingo, 21 de octubre de 2012

La leyenda del caballero juglar.

¡Hola a todos!
¿Pasando un buen fin de semana? Espero que sí.

¡Ah! Por fin he probado con mis colegas mi juego de rol steampunk y parece que les estás gustando. Fue una tarde muy provechosa y más si tenemos en cuenta que Soturisi estaba presente como maestra de ceremonias, creándose como personaje una ingeniera finlandesa mercenaria.

El post que vais a leer viene a propósito de la iniciativa de Vilem_Landerer para que vosotros (sí, vosotros) le ayudéis a diseñar personajes para su fanfic sobre Star Wars. Viendo que había poca gente que había participado y que necesitaba más peña para la tripulación de la pelta coreliana, decidí volver a colaborar con otro personaje (el primero fue Zetha Greusse). Esta vez escogí uno de los guardias de seguridad y cree un personaje llamado Taillefer. Bueno, no es del todo original ya que me inspiré en una leyenda relativa a la conquista normanda de Inglaterra.

Corría el año 1066.
Guillermo, duque de Normandía, se dirigía con sus tropas a la localidad en la que se decidiría el destino del reino de Inglaterra: Hastings. En mitad del camino, se le apareció un caballero que se dirigió hacia el duque. El jinete se presentó bajo el nombre de Taillefer (Cortahierro) y le pedía al duque que le dejara unirse a su ejército. Guillermo le concedió su deseo y el extraño caballero siguió al duque hasta Hastings. Durante el trayecto, Taillefer demostró que no solo era un guerrero a caballo sino también un portentoso juglar ya que se dedicó a recitar "La Canción de Roldán", el cantar de gesta francés por excelencia, en voz alta mientras realizaba espectaculares malabarismo con su espada. Esto impresionó tanto a Guillermo como a sus hombres que vieron en este peculiar hombre un gran aliado. En la batalla, Taillefer no defraudó al futuro rey de Inglaterra ya que el solito cargó contra varios soldados de la hueste del rey Harold, demostrando su valentía y honor.
Se cree que esto jamás sucedió porque en las fuentes históricas sobre la batalla apenas aparece este episodio, tan solo en unas pocas. De ahí que la historia de Taillefer haya sido catalogada como leyenda.
Pero ya sabemos que las leyendas de fundamentan en la realidad, ¿no es así?

¡Nos vemos!

martes, 18 de septiembre de 2012

Der Kaiser!

¡Buenos días, amantes de la historia!

El post de hoy es otra sugerencia, en este caso de Runciter, ese chaval que escribe unos relatos de ciencia ficción para quitarse el sombrero. Me pidió que tratara a uno de los personajes más pintorescos que han cruzado las colinas de ese territorio llamado Historia Universal y, casualidad o no, tengo un librito de la Osprey con una pequeña biografía sobre este señor (regalo de mi colega David).

Así que, sin más preámbulos, os presento a Guillermo II, Emperador de Alemania.
Guillermo nació en la capital de Prusia, Berlín, el 27 de enero de 1859. Hijo del que sería el rey de Prusia, Federico III y de Victoria, hija de vosotros ya sabéis que famosa reina de Gran Bretaña (God save the Queen!). El pobre nació con una parálisis en su mano izquierda, la cual acomplejó bastante al futuro emperador (fijáos como la oculta en sus retratos y fotografías tras la espalda o tapada por una capa o un abrigo) aunque esto no le impidió ser un buen jinete y un excelente tirador. Su carácter era bastante chocante para el que lo conocía: no se guardaba nada dentro de su cabeza y si tenía que insultar a la cara a alguien, lo hacía, fuera cual fuera su cargo. Esto lo convirtió en un pésimo diplomático. Rara era la vez que el cuerpo de relaciones internacionales alemán no tuviera que disculparse por los incendiarios discursos de su líder.
Recibió una estricta educación, digna de cualquier príncipe prusiano, y si añadimos a eso que uno de sus mentores fue Otto von Bismarck, pues ya ni te digo. El Canciller de Cancilleres fue quien inculcó a Guillermo ese pensamiento conservador que le acompañará durante toda su vida, al contrario que su padre que era más liberal.

En 1888, muere su padre tras tan solo tres meses de reinado y con el único hito de haber despedido a Bismarck.
La educación tan férrea que recibió convirtió a Guillermo en un emperador profundamente militarista, llevando acabo políticas de adquisición sin cuartel de colonias ultramarinas. Esta forma de forjar su imperio se debe también a la envidia que sentía al ver el inabarcable imperio de su abuela, uno de los más grandes y duraderos de la historia. Para hacer realidad ese "lugar en el sol", Guillermo apoyó un programa para renovar la Reichsmarine (la marina de guerra alemana) para que pudiera hacer frente a la todopoderosa Royal Navy. Durante la guerra inglesa contra los boers (1899-1902), el kaiser apoyó a los colonos holandeses, lo que acabó para siempre con la amistad con Inglaterra. Tras un ataque nervioso en 1908, Guillermo se retiró de la política activa para dirigir al imperio desde las sombras (eso suena muy macabro pero corre la leyenda de que al bueno de Guille le atraían los temas relacionados con el ocultismo).

Llegamos al 28 de junio de 1914.
Durante una visita a Sarajevo, el archiduque del Imperio Austrohúngaro Francisco Fernando es asesinado en un acto terrorista por un serbio de nombre Gavrilo Prinzip, miembro de una supuesta organización terrorista anarquista conocida como la Mano Negra (guiño, guiño).
Guillermo convence a los austriacos para que se venguen de Serbia por este crimen, dando como resultado la Primera Guerra Mundial. En un principio, el kaiser era el comandante supremo del ejército alemán pero su ineptitud a la hora de liderar sus fuerzas lo relegó a un segundo plano. El carácter tan fuerte de Guillermo hacía que celebrara cada victoria como si fuera el fin del Imperio Británico y cada derrota lo sumía en una profunda depresión.
Debido a la fuerte subida de popularidad del legendario general (y futuro canciller) Paul von Hindenburg, el kaiser comenzó a apoyar a otro de sus generales, Falkenhayn, pero cuando el gigantesco (literalmente) Hindenburg llegó a tener poder suficiente como para dar órdenes sin tener que dar explicaciones al emperador, Guillermo perdió cualquier tipo de influencia y más todavía cuando su política de guerra submarina sin cuartel (atacando tanto a naves militares enemigas, como mercantes e, incluso, civiles) hizo que los EEUU entraran en la Gran Guerra.

Las continuas derrotas alemanas minaron todavía más su popularidad. Para 1918, Guillermo seguía en el trono no por sus capacidades de gobierno sino por su figura simbólica. El 9 de noviembre de ese año, ante la inestabilidad que campaba a sus anchas por el país, el kaiser abdicó de su título de emperador. El 28 de noviembre haría lo mismo con el de rey.

Guillermo se exilió a la localidad de Doorn, en Holanda, donde tras la muerte de su esposa se casaría con una chica de 35 años. El viejo kaiser buscaba volver al trono y esa oportunidad parecía estar cerca con el ascenso de Adolf Hitler al poder en Alemania pero Guillermo aprendió que nunca hay que fiarse de un nazi.
Tal fue su enfado con el nuevo canciller que prohibió que los nazis acudieran a su entierro.

El 5 de junio de 1941, el último kaiser murió.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El rey leproso.

¡Hola, personillas!
Este domingo es mi cumpleaños, así que voy a celebrarlo por adelantado de la mejor manera que sé: escribiendo un post.

La Edad Media está llena de grandes figuras históricas. No es mi intención hacer una lista de ellas. Solo quiero fijarme en una que, para mí, es harto fascinante: Balduino IV de Jerusalén.
A muchos de vosotros os sonará este personaje por la película "El Reino de los Cielos".

Hijo del rey Amalarico I de Jerusalén, Balduino nació en el año 1161.
Su vida era la de un príncipe normal, lidiando con sus obligaciones en la corte y acudiendo a las clases que impartía su mentor, Guillermo de Tiro. Hasta que, un día, el obispo descubrió algo que cambiaría la vida de Balduino para siempre. El príncipe estaba jugando con sus amigos a un extraño juego: clavar las uñas en los brazos de los otros niños para ver quien aguantaba más el dolor. Todos se quedaron asombrados cuando le tocó a Balduino: por mucho que le clavaran las uñas, él no sentía dolor alguno. ¡Ni siquiera sangraba! Esto llamó la atención de Guillermo, el cual fue rápido a examinar al niño. Se llevó las manos a la cabeza tras terminar su análisis: el príncipe padecía la lepra.
En nuestros tiempos, la lepra es una enfermedad que se puede tratar y que solo reviste gravedad para quien la porta. En la Edad Media no era así. Existía la creencia de que la lepra era una enfermedad contagiosa e incurable. Aquellos que la padecían eran recluidos en un lazareto y la gente que los veía en las calles los trataba como si fueran muertos en vida.

Pero no pasó así con Balduino.
Su padre murió en 1174, siendo el príncipe todavía demasiado joven para reinar por lo que se eligieron a varios regentes. La enfermedad del joven no le auguraba una larga vida por lo que se comenzaron a firmar alianzas con otros estados para que el trono de Jerusalén no se quedara vacío.

En 1176, Baaduino alcanzó la mayoría de edad.
A pesar de su enfermedad, el nuevo rey era valiente, noble y sensato. Sabía que el reino que había heredado era como un castillo de naipes sobre un bloque de gelatina: una pequeña vibración y todo se iría al traste; y una de esas vibraciones era Saladino.
Saladino decidió avanzar con sus tropas cerca de Gaza en 1177. El rey leproso no se lo pensó dos veces y, con la ayuda del caballero Reinaldo de Chatillón, derrotó al ejército musulmán en la batalla de Montgisard. Un dato curioso de esta confrontación es que Saladino estuvo a punto de ser capturado de no ser por su guardia de mamelucos.
A raíz de esa batalla, Balduino firmó un tratado de no agresión con Saladino. El rey sabía que si el sultán asediaba Jerusalén, todo estaría perdido. Sin embargo, Reinaldo, apoyado por los templarios, no respetó el tratado al atacar una y otra vez a las caravanas de comerciantes musulmanes que viajaban hacia La Meca. Balduino no podía hacer nada y Saladino juró vengarse.

En 1180, Balduino casa a su hermana Sibila con Guido de Lusiñán el cual, para más inri, era colega de Reinaldo. Ante los ataque de Saladino por los saqueos llevados acabo por Reinaldo, Balduino nombró regente a Guido. Al igual que el caballero francés, Guido era de todo menos un buen gobernante, así que Balduino decidió destituirlo.

Tras la destitución de Guido, en 1183, Balduino tuvo que enfrentarse a su última prueba. Saladino inició un ataque a gran escala a Al Kerak, la fortaleza de Reinaldo. El rey lideró en persona al ejército de Jerusalén contra las fuerzas de asedio del sultán. Este, al ver la que se avecinaba, desistió del ataque y se retiró.
Esto supuso una inyección de moral para los cruzados. Pensadlo. Un hombre que padece una gravísima enfermedad es capaz de liderar a un ejército hacia la victoria contra el hombre más temido del mundo.

Estos esfuerzos estaban muy por encima de la fortaleza física de Balduino. La lepra lo había debilitado considerablemente. Estaba completamente ciego, su cara terriblemente desfigurada y había perdido varios dedos de las manos y de los pies.
En 1185, a los 24 años de edad, Balduino IV murió. Su valentía, su inteligencia y el hecho de haber tenido que gobernar aquejado de una gravísima enfermedad hizo que muchos le lloraran al oír la noticia de su muerte. Para muchos, fue el ejemplo de como debía de ser un buen rey.