¡Hola, holita, hola!
Tras aquel estúpido post sobre el cumpleaños de Roma, volvamos a la senda de la seriedad con vuestra dosis recomendada de historia para hoy.
A todos nos gustan los mongoles, eso hay que admitirlo, y a todos nos gusta la historia del gran Gengis Khan. Siempre que se habla de estos jinetes de la estepa o ese habla del colega Temujin, o de Kublai o de Tamerlán. Yo voy ha hablaros de otro mongol ilustre: Subotai Baadur, la mano derecha de Gengis.
Subotai nació allá por el año 1176, más o menos.
Perteneciente a la etnia tuvá, el padre de Subotai era un herrero bastante habilidoso. En el año 1190, nuestro protagonista decide unirse al ejército del gran Khan, escalando puestos hasta llegar a ser comandante con tan solo 25 años. Físicamente, se dice que Subotai era tan pesado que tuvieron que construirle un carro de guerra para poder ir al campo de batalla, ya que los caballos esteparios acababan con la columna partida por la mitad bajo el peso de este hombre.
La primera misión como comandante de Subotai fue durante los años 1205-1206. En ella, Subotai dio muerte a los hijos de un antiguo caudillo mongol enemigo de Gengis. Después, siguió batallando contra otros pueblos de la estepa hasta llevar a cabo la mayor operación de los mongoles hasta la fecha: la captura del sha de Corasmia. Sin embargo, una pulmonía acabó con el monarca en 1221, por lo que los mongoles decidieron emprenderla con su hijo. Debido a ello, Subotai fue enviado a explorar las regiones occidentales que llevaban hacia Rusia.
Tras ir arrasando todas las ciudades que se encontraban en su viaje por Azerbaiyán, y de pasar el invierno en Armenia, Subotai derrotó al primer rey occidental con el que se toparon: Jorge V de Georgia. Acto seguido, volvieron a Armenia para preparar una posible invasión a Bagdad pero se creyó mejor volver a Georgia para acabar con otro ejército, algo que fue un éxito. Entraron a Rusia por el sur, donde capturaron la mítica ciudad de Astracán, para atravesar el Don rumbo a Crimea, donde pasaron el invierno de 1222-1223. Al volver a casa, se encontraron con una gran fuerza enemiga a la altura del río Kalka, donde se cree que en 1185 se llevó acabo la batalla contra los cumanos que relata el "Cantar de las Huestes de Ígor". En 1223, los mongoles dominaban Azerbaiyán y Georgia y habían sometido a su poder a los cumanos. Era hora de invadir Rusia.
Sin embargo, el príncipe Mstislav Mstislavich de Galitzia se había enterado de la llegada de las tropas de Subotai, ya que el suegro del príncipe era uno de los khanes cumanos que habían sido sometidos por las tropas de Gengis. Junto a los príncipes de Kiev y de Chernígov, Mstislav reunió un ejército para avanzar contra tal temible enemigo. Los mongoles enviaron una delegación para hacer entrar en razón a los rusos para que desistieran de su plan pero estos hicieron caso omiso. Tras otro intento sin éxito, los rusos cruzaron el Dniéper y se encontraron con los mongoles tras nueve días de viaje en el río Kalka. ¿Recordáis que os dije que los mongoles volvían a casa en ese momento? Pues resulta que solo era una falsa retirada para pillar a los rusos con los pantalones bajados. Obviamente, los rusos fueron derrotados.
Mstislav no pudo hacer otra cosa que defenderse en un cerco hecho con los carros que transportaban los suministros. Y he aquí que entra en acción un cosaco llamado Ploskin. Este era aliado de los mongoles. Ploskin actuó de intermediario con el príncipe, prometiéndole que si se rendía lo dejaría ir. El príncipe hizo caso al hombre y se rindió. Sin embargo, Ploskin apresó a Mstislav y se lo entregó a los mongoles.
Tras esta gran victoria, Subotai volvió a Mongolia en un viaje que duró tres años.
Tras un merecido descanso, Subotai sirvió en una campaña para acabar con la etnia de los tangut. Luego, nuestro protagonista se enfrentaría al asedio que le daría la fama: Kaifeng, ciudad asediada por los mongoles en el año 1232 y en la que Subotai tuvo que lidiar hasta con unas bombas lanzadas con catapultas por los defensores. Esa sería la única campaña en China de Subotai.
Su última campaña le devolvió al este de Europa. Invadiendo Rusia y Ucrania, el ejército mongol llegó hasta Hungría. Mientras que divisiones del ejército mongol despachaban a los europeos en Liegnitz y en Transilvania, Subotai esperaba en Hungría. Tras estas victorias, el grueso del ejército llegó hasta el río Sajó donde Subotai planeó la gran victoria mongola que acabaría derrotando al ejército húngaro comandado por el rey Bela IV, usando la misma táctica de falsa retirada que acabó con el ejército del príncipe Mstislav.
Era el año 1241 cuando Subotai comenzó a idear planes para la invasión de Austria, el Sacro Imperio e Italia cuando llegó la noticia de la muerte del khan Ogedei. Ante tal acontecimiento, Subotai decidió retirarse a Mongolia para no saberse más de él. Lo único que se sabe es que murió en el año 1248.
Una gran historia para uno de los grandes generales del más grande de los emperadores.
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domingo, 28 de abril de 2013
lunes, 15 de abril de 2013
De reinas portuguesas, expansiones y polémicas.
¡Hola, gente!
Hoy me gustaría mezclar historia y videojuegos por enésima vez, si me lo permitís.
Bien, como todo el mundo sabe, uno de mis juegos favoritos es "Civilization V". Después del chasco de los DLC, Firaxis se puso las pilas para sacar expansiones como siempre tuvo que ser. La primera de ellas, "Gods and Kings", revisaba el concepto de religión tan poco pulido en el IV y lo convertía en algo divertido e importante para el desarrollo de nuestra civilización.
Como algunos sabréis, va a salir otra expansión titulada "Brave New World". En ella, aparecerán nuevas civilizaciones como Brasil y Polonia pero también vuelven clásicos como los Zulúes y Portugal.
Es esta última civilización la que ha puesto en pie de guerra a los seguidores portugueses del juego en los foros de Civfanatics, la mejor comunidad sobre la saga de Sid Meier que existe en Internet.
Y todo a raíz de la líder escogida: María I, alias "La Loca".
Veréis, a los portugueses no les ha hecho demasiada gracia que les represente un personaje que tiene muy mala fama en su historia.
María fue reina de Portugal en los últimos años del siglo XVIII y principios del XIX, protagonizando la huida masiva de la familia real portuguesa a Brasil ante el avance de Napoleón. La reina pasó a la historia por su carácter ultrafanático en cuestiones de religión y por su personalidad melancólica y apática. Esto, sumado a las trágicas muertes de su marido y su hijo, provocó que su estado mental pasara de inestable a desequilibrio total. Era normal que se pasara la noche y el día gritando, completamente ida de la cabeza. Tanto que la corte portuguesa tuvo que contratar al médico que se ocupaba de la perturbada mente del rey Jorge III de Inglaterra.
Es por esa imagen tan negativa que a nuestros vecinos lusos no les hace demasiada gracia su presencia en el juego.
¿Sabéis mi opinión?
Creo que no es para tanto. La historia no es blanca ni negra. Es más bien gris. Todo los líderes políticos, por muy buenos que fueran, siempre tienen un lado negativo. Creo que la mayoría de quejas están sobreactuadas. De hecho, hay gente que se queja de que el logo de la civilización portuguesa sean los escudos colocados en forma de cruz. Si eso no es portugués, ¿entonces qué?
Además, no creo que sea el peor caso de líder horrible en el juego. Mirad quien nos recibía en el primer Civilization cuando contactábamos con los rusos.
Dame todo tu oro o pasarás el resto de tu vida en un gulag de Siberia.
Sí, amigos míos, el tío Pepe.
Que tu nación sea representada por un tío que fue capaz incluso de hacer que su mujer se suicidara me parece que es peor que una chica que se pasa el resto del día gritando incoherencias.
¿Más ejemplos?
Los españoles nos hemos tenido que conformar con Isabel.
No es que fuera una mal gobernante pero es que no conozco a ningún jugador de Civ español que le caiga bien. Es más, en todos los juegos la sacan bastante prepotente. Eso explica que los mods para cambiar al líder de España por Carlos I o Felipe II arrasen entre la comunidad española.
En fin, que la gente se queja por puro vicio, ¿no os parece?
Hoy me gustaría mezclar historia y videojuegos por enésima vez, si me lo permitís.
Bien, como todo el mundo sabe, uno de mis juegos favoritos es "Civilization V". Después del chasco de los DLC, Firaxis se puso las pilas para sacar expansiones como siempre tuvo que ser. La primera de ellas, "Gods and Kings", revisaba el concepto de religión tan poco pulido en el IV y lo convertía en algo divertido e importante para el desarrollo de nuestra civilización.
Como algunos sabréis, va a salir otra expansión titulada "Brave New World". En ella, aparecerán nuevas civilizaciones como Brasil y Polonia pero también vuelven clásicos como los Zulúes y Portugal.
Es esta última civilización la que ha puesto en pie de guerra a los seguidores portugueses del juego en los foros de Civfanatics, la mejor comunidad sobre la saga de Sid Meier que existe en Internet.
Y todo a raíz de la líder escogida: María I, alias "La Loca".
¡¡¡NO ESTOY LOCAAAAAAAAAAAAAAARGH!!!
Veréis, a los portugueses no les ha hecho demasiada gracia que les represente un personaje que tiene muy mala fama en su historia.
María fue reina de Portugal en los últimos años del siglo XVIII y principios del XIX, protagonizando la huida masiva de la familia real portuguesa a Brasil ante el avance de Napoleón. La reina pasó a la historia por su carácter ultrafanático en cuestiones de religión y por su personalidad melancólica y apática. Esto, sumado a las trágicas muertes de su marido y su hijo, provocó que su estado mental pasara de inestable a desequilibrio total. Era normal que se pasara la noche y el día gritando, completamente ida de la cabeza. Tanto que la corte portuguesa tuvo que contratar al médico que se ocupaba de la perturbada mente del rey Jorge III de Inglaterra.
Es por esa imagen tan negativa que a nuestros vecinos lusos no les hace demasiada gracia su presencia en el juego.
¿Sabéis mi opinión?
Creo que no es para tanto. La historia no es blanca ni negra. Es más bien gris. Todo los líderes políticos, por muy buenos que fueran, siempre tienen un lado negativo. Creo que la mayoría de quejas están sobreactuadas. De hecho, hay gente que se queja de que el logo de la civilización portuguesa sean los escudos colocados en forma de cruz. Si eso no es portugués, ¿entonces qué?
Además, no creo que sea el peor caso de líder horrible en el juego. Mirad quien nos recibía en el primer Civilization cuando contactábamos con los rusos.
Dame todo tu oro o pasarás el resto de tu vida en un gulag de Siberia.
Sí, amigos míos, el tío Pepe.
Que tu nación sea representada por un tío que fue capaz incluso de hacer que su mujer se suicidara me parece que es peor que una chica que se pasa el resto del día gritando incoherencias.
¿Más ejemplos?
Los españoles nos hemos tenido que conformar con Isabel.
Grrrrrrrrrr...
No es que fuera una mal gobernante pero es que no conozco a ningún jugador de Civ español que le caiga bien. Es más, en todos los juegos la sacan bastante prepotente. Eso explica que los mods para cambiar al líder de España por Carlos I o Felipe II arrasen entre la comunidad española.
En fin, que la gente se queja por puro vicio, ¿no os parece?
lunes, 25 de marzo de 2013
Una de romanos.
¡Hola, amigos!
El Correo del Atamán vuelve a la carga con un tema de actualidad.
Es Semana Santa y todos sabemos que significa eso: la parrilla televisiva se llenará con palículas ambientadas en la Antigua Roma. La mayoría de ellas ya tienen bastantes años a cuestas pero no podemos resistirnos a ver una vez más a Charlton Heston dirigiendo su cuádriga alrededor de la espina del circo o a Kirk Douglas aporreando a los legionarios que intentan enfrentarse a él.
Damas y caballeros, bienvenidos al emocionante mundo del peplum.
El peplum es el género cinematográfico que abarca lo que el común de los mortales conoce como "pelis de romanos". Normalmente, son grandes superproducciones que conocieron su época de esplendor en los 60 y 70 del siglo pasado. Grandes nombres y espectaculares decorados son la punta de lanza de este género, amén de la ingente cantidad de extras que suelen aparecer en este tipo de producciones. Además, el peplum abarca otra serie de géneros, normalmente el de aventuras, romance, drama y bélico.
A nivel de guión, muchas de estas películas pecaban de cierta simpleza. Podíamos encontrarnos el clásico romance entre un romano pagano y una chica cristiana, lo que desenvoca en la conversión del primero y en la muerte de los dos en la arena del anfiteatro. También la venganza por haber perdido a un ser querido a manos de un romano pagano. Esa simpleza aparecía también en la ambientación, llena de clichés en su mayoría (raro era que un condenado a muerte no acabara devorado por un león para divertimento del público) y con un falto rigor histórico.
Todo esto tiene una explicación. Simplemente, el director del film quería enviar un mensaje y daba igual los medios para hacerlo: lo importante era que el espectador comprendiera ese mensaje por encima de que en época de Nerón los legionarios todavía no iban cubiertos con una lorica segmentata. Es por eso la dualidad que encontramos en films como Quo Vadis: cristianos = buenos, paganos = malos. El director quería hacer ver al espectador que el cristianismo es una religión que promueve la paz y el amor frente al desenfreno y violencia de las antiguas religiones paganas romanas. Algo muy lejano de la auténtica realidad de Roma, donde existía un sector de la sociedad pagana que veía en esa "decadencia" el fin de Roma.
Hace poco que se ha querido resucitar a este tipo de género.
Me refiero, claro está, a Gladiator. Sin embargo, y a pesar de sus errores, esta película cuenta con más rigor histórico en su ambientación (que no en la historia que cuenta) que la mayoría de peplums conocidos.
Por otra parte, existen casos sangrantes, como aquella versión de Espartaco que hace que vayas a echar mano de Internet para buscar la original y curarte del susto. También está Atila, nada que ver con la genial Atila: hombre o demonio protagonizada por Anthony Quinn. En la versión para TV, podemos encontrarnos a un occidental rey de los hunos luchando contra una legión alto imperial, con símbolos paganos como el haz de rayos de Júpiter en sus escudos todavía presentes, en una histriónica versión del avance huno contra Roma.
En fin, espero que os haya gustado esta disertación.
¡Nos vemos!
El Correo del Atamán vuelve a la carga con un tema de actualidad.
Es Semana Santa y todos sabemos que significa eso: la parrilla televisiva se llenará con palículas ambientadas en la Antigua Roma. La mayoría de ellas ya tienen bastantes años a cuestas pero no podemos resistirnos a ver una vez más a Charlton Heston dirigiendo su cuádriga alrededor de la espina del circo o a Kirk Douglas aporreando a los legionarios que intentan enfrentarse a él.
Damas y caballeros, bienvenidos al emocionante mundo del peplum.
¡Oh, Mesala! Henchido de cólera el corazón...
El peplum es el género cinematográfico que abarca lo que el común de los mortales conoce como "pelis de romanos". Normalmente, son grandes superproducciones que conocieron su época de esplendor en los 60 y 70 del siglo pasado. Grandes nombres y espectaculares decorados son la punta de lanza de este género, amén de la ingente cantidad de extras que suelen aparecer en este tipo de producciones. Además, el peplum abarca otra serie de géneros, normalmente el de aventuras, romance, drama y bélico.
A nivel de guión, muchas de estas películas pecaban de cierta simpleza. Podíamos encontrarnos el clásico romance entre un romano pagano y una chica cristiana, lo que desenvoca en la conversión del primero y en la muerte de los dos en la arena del anfiteatro. También la venganza por haber perdido a un ser querido a manos de un romano pagano. Esa simpleza aparecía también en la ambientación, llena de clichés en su mayoría (raro era que un condenado a muerte no acabara devorado por un león para divertimento del público) y con un falto rigor histórico.
Todo esto tiene una explicación. Simplemente, el director del film quería enviar un mensaje y daba igual los medios para hacerlo: lo importante era que el espectador comprendiera ese mensaje por encima de que en época de Nerón los legionarios todavía no iban cubiertos con una lorica segmentata. Es por eso la dualidad que encontramos en films como Quo Vadis: cristianos = buenos, paganos = malos. El director quería hacer ver al espectador que el cristianismo es una religión que promueve la paz y el amor frente al desenfreno y violencia de las antiguas religiones paganas romanas. Algo muy lejano de la auténtica realidad de Roma, donde existía un sector de la sociedad pagana que veía en esa "decadencia" el fin de Roma.
Peter Ustinov, el Nerón más delirante de la historia del cine.
Hace poco que se ha querido resucitar a este tipo de género.
Me refiero, claro está, a Gladiator. Sin embargo, y a pesar de sus errores, esta película cuenta con más rigor histórico en su ambientación (que no en la historia que cuenta) que la mayoría de peplums conocidos.
Por otra parte, existen casos sangrantes, como aquella versión de Espartaco que hace que vayas a echar mano de Internet para buscar la original y curarte del susto. También está Atila, nada que ver con la genial Atila: hombre o demonio protagonizada por Anthony Quinn. En la versión para TV, podemos encontrarnos a un occidental rey de los hunos luchando contra una legión alto imperial, con símbolos paganos como el haz de rayos de Júpiter en sus escudos todavía presentes, en una histriónica versión del avance huno contra Roma.
Debajo del Atila más occidental que he visto, un supuesto ejército bajo imperial...
Y aquí, un auténtico ejército bajo imperial, con sus crismones y todo.
En fin, espero que os haya gustado esta disertación.
¡Nos vemos!
lunes, 11 de marzo de 2013
Carolus Rex
¡Hola, gentes del lugar!
Antes de irme para Salamanca, me gustaría actualizar el blog para no dejaros colgados.
Hoy, seguiremos dándole patadas a la historia pero antes de todo, os recuerdo que el concurso de relatos ucrónicos sigue abierto y que tenéis de plazo hasta el día 29 de este mes. Por ahora solo me ha llegado uno.
Hmmmm... Creo que va siendo hora de enviaros a Pedro.
Antes de irme para Salamanca, me gustaría actualizar el blog para no dejaros colgados.
Hoy, seguiremos dándole patadas a la historia pero antes de todo, os recuerdo que el concurso de relatos ucrónicos sigue abierto y que tenéis de plazo hasta el día 29 de este mes. Por ahora solo me ha llegado uno.
Hmmmm... Creo que va siendo hora de enviaros a Pedro.
-¡Ocupado! Estoy construyendo un navío de setecientos puentes.
-¿No crees que eso se hundirá?
-Soy el zar más molón de la historia de Rusia. Puedo hacer lo que me salga de ahí.
¡Cagüen! ¿Y ahora que hago?
-¡Envíame a mí! La gente se caga cuando ve mi cara. Creen que he sufrido algún horrible accidente industrial o algo así.
-Carlos, la mayoría de gente no te conoce si no ha estudiado historia de Suecia o de Rusia.
-¡¿QUÉ?! ¡Tío! ¡Pero si me han dedicado un disco de Heavy Metal! ¡Haz algo! ¡Háblales de mí! ¡Es una orden!
-¡Joder! Te pareces a Ekaterina.
-Porque te inspiraste en mí para crear al personaje.
-Cierto.
Bueno, tendré que hacerle caso.
Damas y caballeros, con todos ustedes Carlos XII de Suecia.
A finales del siglo XVII y principios del XVIII, Suecia estaba en la cresta de la ola internacional gracias al legado dejado por Gustavo Adolfo II, el León del Norte. Carlos nació en esa época, en 1682.
Hijo de Carlos XI, el bueno de Carlos había nacido para la guerra. Desde pequeñito estaba obsesionado con todo aquello relacionado con mosquetes, cañones y demás.
Fue coronado en 1697. Las demás potencias europeas pensaban que un chaval de 18 años no podría con el peso de la corona y que Suecia estaba servida en bandeja para quien la quisiera. El problema es que no conocían a Carlos. Su bautismo de fuego llegó con la Gran Guerra del Norte, un conflicto en el que se enfrentaron Suecia contra Dinamarca y Rusia por el control del Báltico. No quiero liaros con esta guerra, así que os cuento que, tras este conflicto, el Báltico se convirtió en un mar sueco y Carlos recibió el apelativo de "el Alejandro Magno del norte". La educación militar que había recibido desde pequeño había convertido a nuestro protagonista en todo un estratega, un táctico que podía saber que hacer con solo echar un vistazo al campo de batalla. Todos estaban asombrados al ver tal mente privilegiada para la guerra en un cuerpo tan joven.
Valiente, orgulloso y cabezota. Así era descrito por algunos eruditos de la época.
Ningún ejército podía hacerle frente. Donde otros generales podían fallar, Carlos siempre acertaba. Sus soldados le seguían incluso al mismísimo infierno debido a su arrollador carisma. De hecho, él era el pilar en el que se sostenía el ejército sueco ya que era el único que podía poner paz entre sus oficiales, los cuales estaban peleados entre sí. Su principal ventaja fue su principal inconveniente: su mente solo pensaba como un soldado, nunca como un rey. Pensaba que la política solo funcionaba después de darle una lección al enemigo en el campo de batalla y eso, a la larga, puede ser más perjudicial que beneficioso.
Pero incluso los grandes hombres cometen errores y Carlos cometió el peor de todos: invadir Rusia.
Aunque sabía aprovecharse de la adversidad, Carlos no contaba con el frío de la estepa y las tácticas de campo quemado llevadas acabo por Pedro.
Sería en 1709, en la localidad de Poltava donde Carlos vería frenado su avance. No os voy a contar la batalla de pé a pá pero si como la perdió Carlos. El culpable de la derrota sueca fue una bala. Sí. Mientras Carlos comandaba a sus tropas montado en su caballo, un tirador ruso vió la oportunidad y abrió fuego contra el rey. La bala impactó en uno de los tobillos de Carlos. Al ver al rey siendo postrado en una litera, el pánico cundió entre los suecos. Al no tener el liderazgo de su carismático monarca, los oficiales suecos tomaron el relevo y ya he comentado lo mal que se llevaban entre ellos. La falta de organización acabó con la retirada de Rusia de los suecos.
Carlos y sus hombres huyeron a Turquía, donde el Sultán les abrió las puertas de par en par y le concedió asilo político al ser el mortal enemigo de los rusos.
El rey volvió sano y salvo a Suecia para comenzar una nueva campaña contra los noruegos.
Sin embargo, no tendría tanta suerte como en Poltava. En 1718, durante el asedio de la fortaleza de Fredriksten, un proyectil atravesó la cabeza del rey mientras inspeccionaba los trabajos de unas trincheras. Lo curioso es que no se sabe si fue un disparo realizado por los defensores o por algún soldado sueco descontento.
Con la muerte de Carlos, el imperio sueco terminó.
¡Nos vemos!
lunes, 25 de febrero de 2013
El problema de mezclar historia con ficción.
¡Hola!
Sí, soy yo, Platov.
Después del mal trago de la semana pasada con el puñetero resfriado, vuelvo a la carga para ofreceros más curiosidades venidas del pasado.
Ayer, como todo el mundo sabrá, pusieron "Robin Hood" en la 1. Sí, la película protagonizada por Russel Crowe y a la que muchos conocen con el nombre de "Gladiator 2: Máximo viaja a la Edad Media".
Como película estaba bien, la clásica peli de aventuras y romance ambientada en la Edad Media, en plan "Ivanhoe". Sin embargo, escribo este post porque hubo algo que me llamó la atención durante todo el visionado del film: la metedura de pata de Ridley Scott a la hora de mezclar el relato ficticio de Robin Hood (lo siento, chicos, Robin Hood nunca existió) y la historia de Inglaterra de la primera mitad del siglo XIII.
Queriendo amoldar la historia a la ficción, Scott le pega varias patadas al libro de Historia, anteponiendo las creencias populares a lo que realmente pasó.
Juan Sin Tierra tenía muy mal carácter, eso ya lo sabíamos, pero también no tenía nada que envidiar a su hermano Ricardo Corazón de León en el gobierno de la nación. Bien que cometió errores, algunos muy gordos como la pérdida de Normandía, pero también es cierto que Juan era bastante trabajador.
Por cierto, curioso el Ricardo que aparece en la película. En el primer momento que lo vi dije: "Parece el primo de Robert Baratheon". Sí, Ricardo murió en pleno asedio asaeteado por un ballestero francés pero, al contrario que lo que se nos muestra en el film y según las crónicas, Ricardo no murió en el acto sino que lo hizo en cama, después de que a los médicos se les ocurriera la genial idea de extraer el virote perforando aún más la herida. La historia que viene después es de sobras conocida: perdona al ballestero que consiguió herirlo de muerte pero los hombres de Ricardo despellejan al hombre en señal de ventaja.
La figura de Leonor de Aquitania también me llamó la atención.
Sí, cuando Juan fue coronado su madre seguía viva pero creo yo que, en esa época, Leonor tendría que estar ya la pobre para el arrastre y no tan vivaz como aparece en la película.
¡Oh! Cuando apareció William Marshall mi cabeza implosionó. Es una de esas figuras históricas que me encantan. Al "mejor caballero del mundo" lo retratan bastante bien, con esa mezcla entre sabiduría y honorabilidad sin parangón. Sin embargo, hay un error en la película. En una de las escenas, William lee un mensaje en el que se avisa de un desembarco francés. Mentira: William era analfabeto, no sabía leer ni escribir.
Sobre la invasión de Inglaterra por Francia, sí, ocurrió pero no tal y como aparece en la película.
Tras el fracaso de la Carta Magna, que Juan firmó en un principio sin rechistar (en la película se ve como quema el propio documento), los barones del norte se rebelaron contra Juan. Para hacerse más fuertes, los barones invitaron a Luis, hijo de Felipe II Augusto de Francia, a unirse a su rebelión ya que el delfín podía optar al trono de Inglaterra. Así, haciendo caso al tuerto de su padre, Luis comandó una flota para desembarcar en las costas inglesas. En mitad de la travesía, Juan envió una flota para parar a la francesa, sin éxito. Luis y sus tropas acabarían llegando a Kent, donde se unirían al grueso de los rebeldes.
Y, bueno, creo que está todo lo que tenía que decir.
Como veis, mezclar historia con ficción puede dar lugar a un esperpento. No quiero decir que "Robin Hood" sea una mala película pero en cuestiones de ambientación, patina demasiado.
No todo esto son verdades como puños, así que si veis algún error o tenéis una opinión diferente, no os cortéis: ¡dadla!
¡Nos vemos!
Sí, soy yo, Platov.
Después del mal trago de la semana pasada con el puñetero resfriado, vuelvo a la carga para ofreceros más curiosidades venidas del pasado.
Ayer, como todo el mundo sabrá, pusieron "Robin Hood" en la 1. Sí, la película protagonizada por Russel Crowe y a la que muchos conocen con el nombre de "Gladiator 2: Máximo viaja a la Edad Media".
Como película estaba bien, la clásica peli de aventuras y romance ambientada en la Edad Media, en plan "Ivanhoe". Sin embargo, escribo este post porque hubo algo que me llamó la atención durante todo el visionado del film: la metedura de pata de Ridley Scott a la hora de mezclar el relato ficticio de Robin Hood (lo siento, chicos, Robin Hood nunca existió) y la historia de Inglaterra de la primera mitad del siglo XIII.
Queriendo amoldar la historia a la ficción, Scott le pega varias patadas al libro de Historia, anteponiendo las creencias populares a lo que realmente pasó.
Juan Sin Tierra tenía muy mal carácter, eso ya lo sabíamos, pero también no tenía nada que envidiar a su hermano Ricardo Corazón de León en el gobierno de la nación. Bien que cometió errores, algunos muy gordos como la pérdida de Normandía, pero también es cierto que Juan era bastante trabajador.
Por cierto, curioso el Ricardo que aparece en la película. En el primer momento que lo vi dije: "Parece el primo de Robert Baratheon". Sí, Ricardo murió en pleno asedio asaeteado por un ballestero francés pero, al contrario que lo que se nos muestra en el film y según las crónicas, Ricardo no murió en el acto sino que lo hizo en cama, después de que a los médicos se les ocurriera la genial idea de extraer el virote perforando aún más la herida. La historia que viene después es de sobras conocida: perdona al ballestero que consiguió herirlo de muerte pero los hombres de Ricardo despellejan al hombre en señal de ventaja.
La figura de Leonor de Aquitania también me llamó la atención.
Sí, cuando Juan fue coronado su madre seguía viva pero creo yo que, en esa época, Leonor tendría que estar ya la pobre para el arrastre y no tan vivaz como aparece en la película.
¡Oh! Cuando apareció William Marshall mi cabeza implosionó. Es una de esas figuras históricas que me encantan. Al "mejor caballero del mundo" lo retratan bastante bien, con esa mezcla entre sabiduría y honorabilidad sin parangón. Sin embargo, hay un error en la película. En una de las escenas, William lee un mensaje en el que se avisa de un desembarco francés. Mentira: William era analfabeto, no sabía leer ni escribir.
Sobre la invasión de Inglaterra por Francia, sí, ocurrió pero no tal y como aparece en la película.
Tras el fracaso de la Carta Magna, que Juan firmó en un principio sin rechistar (en la película se ve como quema el propio documento), los barones del norte se rebelaron contra Juan. Para hacerse más fuertes, los barones invitaron a Luis, hijo de Felipe II Augusto de Francia, a unirse a su rebelión ya que el delfín podía optar al trono de Inglaterra. Así, haciendo caso al tuerto de su padre, Luis comandó una flota para desembarcar en las costas inglesas. En mitad de la travesía, Juan envió una flota para parar a la francesa, sin éxito. Luis y sus tropas acabarían llegando a Kent, donde se unirían al grueso de los rebeldes.
Y, bueno, creo que está todo lo que tenía que decir.
Como veis, mezclar historia con ficción puede dar lugar a un esperpento. No quiero decir que "Robin Hood" sea una mala película pero en cuestiones de ambientación, patina demasiado.
No todo esto son verdades como puños, así que si veis algún error o tenéis una opinión diferente, no os cortéis: ¡dadla!
¡Nos vemos!
jueves, 31 de enero de 2013
Praenomen, nomen y cognomen.
¡Hola, chicos!
Un post rapidito para compartir con vosotros una cosa.
Ted's Roman Name Generator
¿Qué chorrisandez es esa?
Simplemente, es un generador de nombres romanos. Ponéis vuestro nombre y vuestro primer apellido y descubriréis como os llamaríais si fuerais ciudadanos de pleno derecho de la República. O del Imperio, a mí me da igual.
Sí, los genera al azar pero creo que es una buena herramienta por si estáis interesados en escribir algún relato o guionizar un cómic ambientado en la Antigua Roma o en un mundo de fantasía con reminiscencias romanas.
Tranquilos, en el próximo post disfrutaréis de una nueva aventura de Ekaterina. ¡Nos vemos!
Un post rapidito para compartir con vosotros una cosa.
Ted's Roman Name Generator
¿Qué chorrisandez es esa?
Simplemente, es un generador de nombres romanos. Ponéis vuestro nombre y vuestro primer apellido y descubriréis como os llamaríais si fuerais ciudadanos de pleno derecho de la República. O del Imperio, a mí me da igual.
Sí, los genera al azar pero creo que es una buena herramienta por si estáis interesados en escribir algún relato o guionizar un cómic ambientado en la Antigua Roma o en un mundo de fantasía con reminiscencias romanas.
Tranquilos, en el próximo post disfrutaréis de una nueva aventura de Ekaterina. ¡Nos vemos!
domingo, 20 de enero de 2013
El rey de Prusia y el pandur.
¡Hola, amantes de la historia!
¿Cómo lo lleváis? Me encanta escribir en las románticas tardes de domingo, así que he pensado que sería una buena idea escribir un post sobre alguna curiosidad histórica. Esta vez, os vais a reír con algo que paso hace mucho tiempo. Seguid leyendo.
1758.
Hace dos años que comenzó la Guerra de los Siete Años.
Los austriacos, deseosos de recuperar la región de Silesia perdida tras su Guerra de Sucesión en favor de los prusianos, no tuvieron en cuenta que se enfrentaban a un reino donde cada hombre había nacido para la guerra. El "ejército con un estado", como algunos lo denominan, marchaba sin ningún tipo de oposición hacia Austria gracias al liderazgo de su rey, Federico II.
¿Cómo lo lleváis? Me encanta escribir en las románticas tardes de domingo, así que he pensado que sería una buena idea escribir un post sobre alguna curiosidad histórica. Esta vez, os vais a reír con algo que paso hace mucho tiempo. Seguid leyendo.
1758.
Hace dos años que comenzó la Guerra de los Siete Años.
Los austriacos, deseosos de recuperar la región de Silesia perdida tras su Guerra de Sucesión en favor de los prusianos, no tuvieron en cuenta que se enfrentaban a un reino donde cada hombre había nacido para la guerra. El "ejército con un estado", como algunos lo denominan, marchaba sin ningún tipo de oposición hacia Austria gracias al liderazgo de su rey, Federico II.
Der Alte Fritz
No hace falta decir mucho sobre este hombre.
Bueno, para los que no lo conozcáis deciros que está considerado como una de las mentes tácticas más celebradas de la historia. Federico sabía siempre que hacer en el campo de batalla, como buen prusiano que se preciase. Además, su mente no solo estaba abocada a la guerra. Era también un buen músico y un gran filósofo. Amigo de Voltaire, Federico fue el autor de "El Antipríncipe" o "Anitmaquiavelo", un tratado en el cual desmontaba todas las tesis sobre el gobierno de una nación ideadas por el escritor florentino.
Siguiendo con nuestra historia, nos encontramos a Federico guiando a sus ejércitos en persona por la región de Moravia, en la actual República Checa. Esta región pertenecía al imperio de los Habsburgo en esta época. Mientras que nuestro protagonista cabalgaba a la cabeza de su ejército por un camino, a lo lejos divisó algo que le llamó la atención: detrás de una cerca que delimitaba el camino, había un hombre apostado detrás de un árbol. Federico se quedó extrañado y decidió avanzar hacia donde estaba el hombre. Al acercarse, pudo ver al hombre apuntándole con un mosquete. Resultaba ser un pandur, un tipo de infantería ligera de origen croata al servicio del Imperio Austrohúngaro. Federico, al ver que el hombre no abría fuego, se encaró y le dijo: "¡Tú! ¡Tú! ¡Sí, tú! Espero que no te quede pólvora en la cazoleta". Acto seguido, el rey de Prusia dio media vuelta. El pandur, avergonzado, bajó el arma y dejó que Federico se marchase.
Es una anécdota muy curiosa, ¿no os parece?
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Rey y León.
¡Hola, amantes de la historia!
Después de este largo paréntesis debido a circunstancias académicas, vamos a darle de lleno otra vez a todo lo relacionado con la historia de la humanidad.
El tema del post que vais a leer fue sugerido por Bretema. Hoy, vamos a conocer a una de las grandes figuras del siglo XVII: Gustavo Adolfo II de Suecia, el León del Norte.
Aviso: prohibido leer este post sin esta canción de fondo.
A inicios del siglo XVII, Suecia no era ni por asomo una gran potencia. Tan solo ocupaba un lugar importante en el norte de Europa gracias a sus contactos con la todopoderosa Liga Hanseática.
Sin embargo, esta situación cambió cuando el rey Carlos IX murió en 1611. Su hijo, Gustavo Adolfo, heredó la corona sueca a la edad de 16 años, siendo coronado en 1617 al cumplir la mayoría de edad.
El estado en el que el joven rey había heredado el trono era lamentable: Suecia estaba en una guerra interminable con Polonia debido a que su rey, Segismundo III, también era heredero directo al trono sueco. Además, a los daneses se les había metido entre ceja y ceja reconquistar los antiguos territorios suecos que pertenecieron en el pasado a la corona danesa. Sumadle a eso que el ejército sueco de principios del XVII era el más atrasado de Europa.
Pero Gustavo demostró ser una persona digna de su cargo. Había sido educado en el arte de la guerra desde pequeñito, lo que le reportó grandes conocimientos a nivel táctico y estratégico. Como dato curioso, también le gustaba la cultura clásica, pudiendo hablar y escribir perfectamente en latín y en griego.
Lo primero que hizo fue remodelar por completo el anquilosado ejército sueco, tomando el testigo de su padre, el cual intentó iniciar esta reforma. En esta época, el ejército sueco usaba el mismo sistema de tercios que el ejército español. Sin embargo, el paso del tiempo demostró que esta forma de hacer la guerra estaba ya obsoleta. Padre e hijo se fijaron en el sistema holandés de combate, el cual aprovechaba mejor las nuevas tecnologías militares de la época: creación de milicias, tácticas de artillería avanzadas, nuevos tipos de formaciones, etc. Así, cuando Gustavo heredó el trono, envió a sus mejores generales a Holanda para aprender estas nuevas técnicas, así como compró armamento y mercenarios al país de los tulipanes.
La primera gran prueba para nuestro protagonista fue la guerra contra Polonia.
No quiero pararme a contar batalla por batalla así que lo haremos rápido. Dejando al lado el hecho de que el rey polaco podía optar a heredar el trono sueco, Gustavo convirtió esta guerra en una lucha entre protestantes y católicos. Aislar a Polonia era fundamental y parecía que la cosa iba a funcionar ya que el nuevo ejército sueco era imparable. Por desgracia, Danzig jamás cayó a manos suecas por lo que la guerra no fue un triunfo aplastante. Lo peor llegó cuando el Sacro Imperio envió tropas para ayudar a las ciudades polacas católicas que habían sido asediadas por los suecos.
Como veis, esta fue la antesala de la Guerra de los Treinta Años.
Suecia formaría parte del bando protestante en esta guerra interminable en el año 1628.
No obstante, Gustavo ya visitó Alemania en 1620 para casarse. Su estancia en este país fue la piedra de toque para sus reformas militares. A su vuelta a Suecia, Gustavo redujo el número de soldados de una compañía a 150 y publicó sus "Artículos de Guerra" para acabar de una vez con la indisciplina que campaba a sus anchas por el ejército sueco.
Tras las conquistas de los principados alemanes protestantes por parte de los católicos alemanes, Gustavo decidió que ya era hora de darle una lección a los Habsburgo. Se alió con estos principados y con algunos de los enemigos de la corona hispano-alemana en Europa. Pasmáos, pues Suecia recibió ayuda económica en 1629 del mismísimo cardenal Richelieu.
El 25 de junio de 1630, Gustavo desembarca en Alemania. Cuenta la leyenda que el mismo día en que ocurrió esto las nubes se transformaron en guerreros que luchaban en encarnizadas batallas y que los niños que nacieron en ese momento lo hicieron con graves malformaciones.
Aunque esto sea más bien producto de la imaginación, no es de extrañar que la llegada de Gustavo a Alemania supuso un gran cambio en la guerra. El avance sueco era imparable.
Sería en la batalla de Breitenfeld, el 7 de septiembre de 1631, donde Suecia demostraría su nueva capacidad armamentística, aniquilando al ejército católico y abriendo las puertas del país al rey sueco.
En 1632, Gustavo controlaba todo el curso del Danubio a su paso por Alemania. Estas conquistas imparables fueron las que le dieron el apodo del "León del Norte".
Sin embargo, Gustavo encontró la horma de su zapato en Albrecht von Wallenstein, el mejor mariscal con el que los ejércitos imperiales podían contar. Nuestro protagonista, como buen estratega, sabía que debía de tomarse a este personaje muy en serio. En la batalla de Nuremberg, Gustavo conoció su primera derrota a manos de este gran militar al no poder acabar con los campamentos que los alemanes habían levantado alrededor de esta ciudad. Para colmo, Wallenstein se las ingenió para cortarle la retirada a los suecos invadiendo a Sajonia, uno de los estados aliados con Gustavo.
El fin llegaría en la batalla de Lützen, el 22 de junio de 1634.
Aunque el ejército sueco ganó esta batalla, Gustavo no pudo ver la victoria de sus hombres. El "León del Norte" hacía gala de su epíteto: valiente y decidido, siempre quería estar en primera línea de combate. Otra de sus máximas era que ninguno de sus hombres sería abandonado si él podía ayudarlo. Esa fue su perdición. Viendo que una de sus compañías de infantería estaba demasiado expuesta al enemigo, decidió liderar una carga de caballería para protegerla. Sin embargo, al ir en la punta de la carga, era un blanco demasiado fácil para un buen tirador. Un disparo le atravesó el brazo, otro hirió a su caballo y un tercero le acertó en la espalda, cayendo de su montura y siendo arrastrado por esta unos metros al quedarse uno de sus pies enganchado en un estribo.
El león había sido cazado pero su rugido siguió oyéndose a lo largo de los siglos.
Después de este largo paréntesis debido a circunstancias académicas, vamos a darle de lleno otra vez a todo lo relacionado con la historia de la humanidad.
El tema del post que vais a leer fue sugerido por Bretema. Hoy, vamos a conocer a una de las grandes figuras del siglo XVII: Gustavo Adolfo II de Suecia, el León del Norte.
Aviso: prohibido leer este post sin esta canción de fondo.
A inicios del siglo XVII, Suecia no era ni por asomo una gran potencia. Tan solo ocupaba un lugar importante en el norte de Europa gracias a sus contactos con la todopoderosa Liga Hanseática.
Sin embargo, esta situación cambió cuando el rey Carlos IX murió en 1611. Su hijo, Gustavo Adolfo, heredó la corona sueca a la edad de 16 años, siendo coronado en 1617 al cumplir la mayoría de edad.
El estado en el que el joven rey había heredado el trono era lamentable: Suecia estaba en una guerra interminable con Polonia debido a que su rey, Segismundo III, también era heredero directo al trono sueco. Además, a los daneses se les había metido entre ceja y ceja reconquistar los antiguos territorios suecos que pertenecieron en el pasado a la corona danesa. Sumadle a eso que el ejército sueco de principios del XVII era el más atrasado de Europa.
Pero Gustavo demostró ser una persona digna de su cargo. Había sido educado en el arte de la guerra desde pequeñito, lo que le reportó grandes conocimientos a nivel táctico y estratégico. Como dato curioso, también le gustaba la cultura clásica, pudiendo hablar y escribir perfectamente en latín y en griego.
Lo primero que hizo fue remodelar por completo el anquilosado ejército sueco, tomando el testigo de su padre, el cual intentó iniciar esta reforma. En esta época, el ejército sueco usaba el mismo sistema de tercios que el ejército español. Sin embargo, el paso del tiempo demostró que esta forma de hacer la guerra estaba ya obsoleta. Padre e hijo se fijaron en el sistema holandés de combate, el cual aprovechaba mejor las nuevas tecnologías militares de la época: creación de milicias, tácticas de artillería avanzadas, nuevos tipos de formaciones, etc. Así, cuando Gustavo heredó el trono, envió a sus mejores generales a Holanda para aprender estas nuevas técnicas, así como compró armamento y mercenarios al país de los tulipanes.
La primera gran prueba para nuestro protagonista fue la guerra contra Polonia.
No quiero pararme a contar batalla por batalla así que lo haremos rápido. Dejando al lado el hecho de que el rey polaco podía optar a heredar el trono sueco, Gustavo convirtió esta guerra en una lucha entre protestantes y católicos. Aislar a Polonia era fundamental y parecía que la cosa iba a funcionar ya que el nuevo ejército sueco era imparable. Por desgracia, Danzig jamás cayó a manos suecas por lo que la guerra no fue un triunfo aplastante. Lo peor llegó cuando el Sacro Imperio envió tropas para ayudar a las ciudades polacas católicas que habían sido asediadas por los suecos.
Como veis, esta fue la antesala de la Guerra de los Treinta Años.
Suecia formaría parte del bando protestante en esta guerra interminable en el año 1628.
No obstante, Gustavo ya visitó Alemania en 1620 para casarse. Su estancia en este país fue la piedra de toque para sus reformas militares. A su vuelta a Suecia, Gustavo redujo el número de soldados de una compañía a 150 y publicó sus "Artículos de Guerra" para acabar de una vez con la indisciplina que campaba a sus anchas por el ejército sueco.
Tras las conquistas de los principados alemanes protestantes por parte de los católicos alemanes, Gustavo decidió que ya era hora de darle una lección a los Habsburgo. Se alió con estos principados y con algunos de los enemigos de la corona hispano-alemana en Europa. Pasmáos, pues Suecia recibió ayuda económica en 1629 del mismísimo cardenal Richelieu.
El 25 de junio de 1630, Gustavo desembarca en Alemania. Cuenta la leyenda que el mismo día en que ocurrió esto las nubes se transformaron en guerreros que luchaban en encarnizadas batallas y que los niños que nacieron en ese momento lo hicieron con graves malformaciones.
Aunque esto sea más bien producto de la imaginación, no es de extrañar que la llegada de Gustavo a Alemania supuso un gran cambio en la guerra. El avance sueco era imparable.
Sería en la batalla de Breitenfeld, el 7 de septiembre de 1631, donde Suecia demostraría su nueva capacidad armamentística, aniquilando al ejército católico y abriendo las puertas del país al rey sueco.
En 1632, Gustavo controlaba todo el curso del Danubio a su paso por Alemania. Estas conquistas imparables fueron las que le dieron el apodo del "León del Norte".
Sin embargo, Gustavo encontró la horma de su zapato en Albrecht von Wallenstein, el mejor mariscal con el que los ejércitos imperiales podían contar. Nuestro protagonista, como buen estratega, sabía que debía de tomarse a este personaje muy en serio. En la batalla de Nuremberg, Gustavo conoció su primera derrota a manos de este gran militar al no poder acabar con los campamentos que los alemanes habían levantado alrededor de esta ciudad. Para colmo, Wallenstein se las ingenió para cortarle la retirada a los suecos invadiendo a Sajonia, uno de los estados aliados con Gustavo.
El fin llegaría en la batalla de Lützen, el 22 de junio de 1634.
Aunque el ejército sueco ganó esta batalla, Gustavo no pudo ver la victoria de sus hombres. El "León del Norte" hacía gala de su epíteto: valiente y decidido, siempre quería estar en primera línea de combate. Otra de sus máximas era que ninguno de sus hombres sería abandonado si él podía ayudarlo. Esa fue su perdición. Viendo que una de sus compañías de infantería estaba demasiado expuesta al enemigo, decidió liderar una carga de caballería para protegerla. Sin embargo, al ir en la punta de la carga, era un blanco demasiado fácil para un buen tirador. Un disparo le atravesó el brazo, otro hirió a su caballo y un tercero le acertó en la espalda, cayendo de su montura y siendo arrastrado por esta unos metros al quedarse uno de sus pies enganchado en un estribo.
El león había sido cazado pero su rugido siguió oyéndose a lo largo de los siglos.
lunes, 29 de octubre de 2012
Especial Halloween 2012: Return to Castle Wewelsburg.
Hola, amantes de la historia y de las emociones fuertes.
Un año más, ante las fechas que se avecinan, me dispongo a escribir un post donde historia y terror van de la mano. Arrepentíos, pues, aquellos que lean esta pequeña disertación.
"Wolfenstein 3D".
El papa de los juegos de acción en primera persona.
Para quien no lo conozca, en este videojuego encarnabas a un agente estadounidense que debía escapar de un castillo nazi en plena Segunda Guerra Mundial. La cosa sería lo más normal del mundo si no fuera porque el interior de la fortificación estaba atestada de criaturas de ultratumba, creadas por las retorcidas mentes de la Ahnenerbe.
Pero, ¿sabíais que el castillo Wolfenstein existió de verdad?
Wewelsburg.
Un bonito castillo, residencia secundaria de los príncipes-obispos de Renania del Norte-Westfalia durante el siglo XVII y que está localizado cerca del famoso bosque de Teutoburgo, donde las tropas del general romano Varo fueron masacradas por los germanos.
Todo muy bonito, hasta que Heinrich Himmler se interesó por esta fortificación en 1934. Al parecer, el jerifalte de las SS conocía una leyenda que decía que un gran ejército proveniente del este sería vencido por otro proveniente del oeste. Himmler creía que la batalla tendría lugar en el emplazamiento del castillo, así que decidió comprarlo.
El objetivo de Himmler era convertir el castillo en el cuartel general global de las SS.
En 1934, comenzaron las obras de remodelación, usando mano de obra esclava de los campos de concentración. Miles de inocentes murieron dando forma a la sacrílega fortaleza.
Con la finalización de las obras, Wewelsburg se convirtió en una escuela en la que los oficiales del siniestro aparato de represión estudiaban diferentes materias relacionadas con el "glorioso" pasado de Alemania, amén de otras más abocadas al ocultismo. El castillo fue decorado siguiendo las leyendas concernientes al Santo Grial. De hecho, una de las salas de estudio se llamaba así y en la Sala de los Generales se colocó una mesa redonda a imagen y semejanza de la del rey Arturo. Además, comenzó a convertirse en almacén para todas las reliquias que la terrorífica Ahnenerbe encontraba en sus expediciones por el globo.
La Sala de los Generales es la localización más famosa del castillo, más que nada porque en el centro de esta se encuentra un mosaico donde aparece representado el "Sol Negro", uno de los símbolos más conocidos del ocultismo nazi. En esta sala se llevaban acabo algunos de los rituales más extraños de las SS, como las bodas donde los prometidos debían beber de una reproducción del Santo Grial.
Que no os extrañe el aire a orden de caballería ya que uno de los objetivos de Himmler era convertir a las SS en una especie de unión de caballeros nazi.
A finales de la guerra, cuando la caída del Tercer Reich se estaba convirtiendo en una realidad, Himmler ordenó volar el castillo. Debido a la falta de medios, tan solo se pudo derribar la torre sur, la cual no tenía demasiada relevancia.
En la actualidad, el castillo ha sido convertido en un albergue y en el año 2000 se levantó un monumento en memoria de los prisioneros que perecieron en la remodelación del castillo.
Pero nadie sabe a ciencia cierto que oscuros y horribles sucesos se llevaron acabo en su interior...
Un año más, ante las fechas que se avecinan, me dispongo a escribir un post donde historia y terror van de la mano. Arrepentíos, pues, aquellos que lean esta pequeña disertación.
"Wolfenstein 3D".
El papa de los juegos de acción en primera persona.
Para quien no lo conozca, en este videojuego encarnabas a un agente estadounidense que debía escapar de un castillo nazi en plena Segunda Guerra Mundial. La cosa sería lo más normal del mundo si no fuera porque el interior de la fortificación estaba atestada de criaturas de ultratumba, creadas por las retorcidas mentes de la Ahnenerbe.
Pero, ¿sabíais que el castillo Wolfenstein existió de verdad?
Wewelsburg.
Un bonito castillo, residencia secundaria de los príncipes-obispos de Renania del Norte-Westfalia durante el siglo XVII y que está localizado cerca del famoso bosque de Teutoburgo, donde las tropas del general romano Varo fueron masacradas por los germanos.
Todo muy bonito, hasta que Heinrich Himmler se interesó por esta fortificación en 1934. Al parecer, el jerifalte de las SS conocía una leyenda que decía que un gran ejército proveniente del este sería vencido por otro proveniente del oeste. Himmler creía que la batalla tendría lugar en el emplazamiento del castillo, así que decidió comprarlo.
El objetivo de Himmler era convertir el castillo en el cuartel general global de las SS.
En 1934, comenzaron las obras de remodelación, usando mano de obra esclava de los campos de concentración. Miles de inocentes murieron dando forma a la sacrílega fortaleza.
Con la finalización de las obras, Wewelsburg se convirtió en una escuela en la que los oficiales del siniestro aparato de represión estudiaban diferentes materias relacionadas con el "glorioso" pasado de Alemania, amén de otras más abocadas al ocultismo. El castillo fue decorado siguiendo las leyendas concernientes al Santo Grial. De hecho, una de las salas de estudio se llamaba así y en la Sala de los Generales se colocó una mesa redonda a imagen y semejanza de la del rey Arturo. Además, comenzó a convertirse en almacén para todas las reliquias que la terrorífica Ahnenerbe encontraba en sus expediciones por el globo.
La Sala de los Generales es la localización más famosa del castillo, más que nada porque en el centro de esta se encuentra un mosaico donde aparece representado el "Sol Negro", uno de los símbolos más conocidos del ocultismo nazi. En esta sala se llevaban acabo algunos de los rituales más extraños de las SS, como las bodas donde los prometidos debían beber de una reproducción del Santo Grial.
Que no os extrañe el aire a orden de caballería ya que uno de los objetivos de Himmler era convertir a las SS en una especie de unión de caballeros nazi.
A finales de la guerra, cuando la caída del Tercer Reich se estaba convirtiendo en una realidad, Himmler ordenó volar el castillo. Debido a la falta de medios, tan solo se pudo derribar la torre sur, la cual no tenía demasiada relevancia.
En la actualidad, el castillo ha sido convertido en un albergue y en el año 2000 se levantó un monumento en memoria de los prisioneros que perecieron en la remodelación del castillo.
Pero nadie sabe a ciencia cierto que oscuros y horribles sucesos se llevaron acabo en su interior...
sábado, 13 de octubre de 2012
¿Quiénes eran los zulúes?
"Un pueblo extraordinario, esos zulúes. Vencen a nuestros generales; convierten a nuestros obispos; han establecido el destino de una gran dinastía europea."
Con esta bonita frase de Benjamin Disraeli, tengo el orgullo de presentaros a otro de esos pueblos que cambiaron la historia para siempre: los zulúes.
Lo que váis a leer a continuación es una pequeña descripción de como era esta indómita tribu del sur de África. No me voy a detener a explicar batallitas como la de Isandlwana. Eso lo haré otro día.
Zululandia (el país de los zulúes) está situado en la costa sureste africana, entre las montañas Drakensberg y el océano Índico. Es una zona con una gran cantidad de tierras de pasto, de ahí que el ganado sea una parte fundamental de la economía zulú.
Los zulúes descienden de los Ngoni, una cultura de la Edad del Hierro pero que no llegó hasta la zona por la que nos estamos moviendo hasta el siglo VI d. C. y que no se asentó hasta el siglo XVII. La leyenda fundacional habla de un hombre llamado Zulú, el cual fundó el primer asentamiento permanente en este siglo. Este es el ancestro común de todos los clanes zulúes. Su nombre significa "El Paraiso" y sus descendientes se hicieron llamar amaZulu, "el pueblo del paraíso".
Los zulúes vivían en aldeas (umuzi) formadas por varias chozas cuyas formas podrían recordad a la de un panal de abejas. Las chozas de distribuían en círculos concéntricos, teniendo el centro el corral donde se guardaba el ganado. Todo este complejo estaba protegido por una empalizada. Lo curioso de estas chozas es que no tenían chimenea: el humo salía como podía por la puerta o por algunas rendijas.
En la sociedad zulú, los hombres se encargan de cuidar el ganado y de hacer la guerra. La labor de las mujeres consistía en llevar acabo labores agrícolas y del hogar. Los zulúes solo comían carne en ocasiones especiales, basándose su dieta en una cuajada hecha con leche llamada amasi, maíz, calabaza y patatas dulces. Los cultivos eran plantados en parcelas cercanas a los asentamientos y eran almacenados en cestas de mimbre o en fosos excavados en la tierra y tapados con una piedra. Para las celebraciones, los zulúes bebían utshwala, una cerveza de gran amargor, y esnifaban tabaco picado.
Si había una industria en la que los zulúes sobresalían del resto de etnias de la zona era la metalurgia.
El hierro se extraía de explotaciones al aire libre, en lugares de fácil acceso. El método para fabricar herramientas o armamento es el mismo que el de cualquier herrero.
La imagen de un guerrero zulú estaría incompleta sin una de sus famosas lanzas. Estas se fabricaban uniendo la punta de metal a un asta de madera con pegamentos naturales y con fibras animales. Los zulúes tenían distintos tipos de lanzas (umkhonto): la isiphapha, usada para cazar; o la isijula, que es la lanza de combate.
También tenemos los famosos escudos zulúes, fabricados con mimbre entrelazado para darle más resistencia y una piel de ganado encima. Existían diferentes tipos, dependiendo de la ocasión: de guerra, de gala, de diario, etc.
Otra arma zulú era la iwisa, una maza hecha de madera parecida a la usada por los iroqueses.
La forma de hacer la guerra de los zulúes dejó perplejos a todos los europeos que tuvieron la suerte (o la desgracia) de enfrentarse a ellos. Para que os hagáis una idea, ver a un pueblo considerado bárbaro por muchos formar y avanzar como una legión romana era algo que no cabía en las mentes de la época victoriana. Un guerrero zulú combatía exactamente igual que un legionario romano: se paraba el ataque con el escudo; este se alzaba para dejar el costado del enemigo al descubierto, lo cual era aprovechado para acuchillarlo con la lanza.
Además, los zulúes tenían también combates rituales y duelos por honor.
En cuanto a la religión y otras creencias, los zulúes temían mucho a la brujería.
Tan supersticiosos eran que llevaban encima cualquier clase de amuleto para protegerlos (mira, otra cosa igual que los romanos). Si algún miembro de la comunidad sufría un accidente, este era llevado ante el inyanga (hombre medicina) para que usase sus conocimientos en hierbas curativas para sanar al enfermo. Si se tenía la certeza de que alguno de los habitantes de la aldea estaba poseido espíritu maligno (abathakathi), se celebraba un siniestro ceremonial para averiguarlo, en el cual el chamán (isangomas) usaba sus poderes para determinar quien era el poseido. Cuando lo descubría, el culpable era sentenciado a morir siendo empalado.
La justicia ordinaria era menos sangrienta si era un crimen menor, donde el culpable debía de pagar una multa en ganado. Sin embargo, los crímenes muy graves eran sentenciados con muerte por apaleamiento.
Esta es una breve historia sobre los zulúes.
Espero que os haya gustado.
¡Nos vemos!
Con esta bonita frase de Benjamin Disraeli, tengo el orgullo de presentaros a otro de esos pueblos que cambiaron la historia para siempre: los zulúes.
Lo que váis a leer a continuación es una pequeña descripción de como era esta indómita tribu del sur de África. No me voy a detener a explicar batallitas como la de Isandlwana. Eso lo haré otro día.
Zululandia (el país de los zulúes) está situado en la costa sureste africana, entre las montañas Drakensberg y el océano Índico. Es una zona con una gran cantidad de tierras de pasto, de ahí que el ganado sea una parte fundamental de la economía zulú.
Los zulúes descienden de los Ngoni, una cultura de la Edad del Hierro pero que no llegó hasta la zona por la que nos estamos moviendo hasta el siglo VI d. C. y que no se asentó hasta el siglo XVII. La leyenda fundacional habla de un hombre llamado Zulú, el cual fundó el primer asentamiento permanente en este siglo. Este es el ancestro común de todos los clanes zulúes. Su nombre significa "El Paraiso" y sus descendientes se hicieron llamar amaZulu, "el pueblo del paraíso".
Los zulúes vivían en aldeas (umuzi) formadas por varias chozas cuyas formas podrían recordad a la de un panal de abejas. Las chozas de distribuían en círculos concéntricos, teniendo el centro el corral donde se guardaba el ganado. Todo este complejo estaba protegido por una empalizada. Lo curioso de estas chozas es que no tenían chimenea: el humo salía como podía por la puerta o por algunas rendijas.
En la sociedad zulú, los hombres se encargan de cuidar el ganado y de hacer la guerra. La labor de las mujeres consistía en llevar acabo labores agrícolas y del hogar. Los zulúes solo comían carne en ocasiones especiales, basándose su dieta en una cuajada hecha con leche llamada amasi, maíz, calabaza y patatas dulces. Los cultivos eran plantados en parcelas cercanas a los asentamientos y eran almacenados en cestas de mimbre o en fosos excavados en la tierra y tapados con una piedra. Para las celebraciones, los zulúes bebían utshwala, una cerveza de gran amargor, y esnifaban tabaco picado.
Si había una industria en la que los zulúes sobresalían del resto de etnias de la zona era la metalurgia.
El hierro se extraía de explotaciones al aire libre, en lugares de fácil acceso. El método para fabricar herramientas o armamento es el mismo que el de cualquier herrero.
La imagen de un guerrero zulú estaría incompleta sin una de sus famosas lanzas. Estas se fabricaban uniendo la punta de metal a un asta de madera con pegamentos naturales y con fibras animales. Los zulúes tenían distintos tipos de lanzas (umkhonto): la isiphapha, usada para cazar; o la isijula, que es la lanza de combate.
También tenemos los famosos escudos zulúes, fabricados con mimbre entrelazado para darle más resistencia y una piel de ganado encima. Existían diferentes tipos, dependiendo de la ocasión: de guerra, de gala, de diario, etc.
Otra arma zulú era la iwisa, una maza hecha de madera parecida a la usada por los iroqueses.
La forma de hacer la guerra de los zulúes dejó perplejos a todos los europeos que tuvieron la suerte (o la desgracia) de enfrentarse a ellos. Para que os hagáis una idea, ver a un pueblo considerado bárbaro por muchos formar y avanzar como una legión romana era algo que no cabía en las mentes de la época victoriana. Un guerrero zulú combatía exactamente igual que un legionario romano: se paraba el ataque con el escudo; este se alzaba para dejar el costado del enemigo al descubierto, lo cual era aprovechado para acuchillarlo con la lanza.
Además, los zulúes tenían también combates rituales y duelos por honor.
En cuanto a la religión y otras creencias, los zulúes temían mucho a la brujería.
Tan supersticiosos eran que llevaban encima cualquier clase de amuleto para protegerlos (mira, otra cosa igual que los romanos). Si algún miembro de la comunidad sufría un accidente, este era llevado ante el inyanga (hombre medicina) para que usase sus conocimientos en hierbas curativas para sanar al enfermo. Si se tenía la certeza de que alguno de los habitantes de la aldea estaba poseido espíritu maligno (abathakathi), se celebraba un siniestro ceremonial para averiguarlo, en el cual el chamán (isangomas) usaba sus poderes para determinar quien era el poseido. Cuando lo descubría, el culpable era sentenciado a morir siendo empalado.
La justicia ordinaria era menos sangrienta si era un crimen menor, donde el culpable debía de pagar una multa en ganado. Sin embargo, los crímenes muy graves eran sentenciados con muerte por apaleamiento.
Esta es una breve historia sobre los zulúes.
Espero que os haya gustado.
¡Nos vemos!
lunes, 8 de octubre de 2012
Los cosacos de Repin.
¡Buenas a todos!
¿Qué tal?
Hoy voy a escribir un post donde se mezclan la historia del arte con la historia universal en sí. Bueno, la historia de Rusia (que original viniendo de mí).
Seguro que os habéis fijado en el personajillo que aparece en la cabecera de mi blog: un afable escribano que, por su postura a la hora de escribir, demuestra estar llevando acabo su trabajo con sumo cuidado.
Algunos seguro que habéis reconocido el cuadro en el que aparece esta figura. Para los que no lo sepan, va este post.
El cuadro en el que aparece este señor se llama "Cosacos zaporogos escribiendo una carta al sultán de Turquía" y su autor fue Iliá Repin.
Repin es uno de los más grandes pintores rusos. Su obra se encuadra en el realismo, ofreciendo escenas de la vida cotidiana rusa de finales del siglo XIX y principios del XX aunque también se inspira en varios hechos de la historia de Rusia. Este es uno de ellos.
Para realizar esta obra, Repin se documentó bastante a la hora de ser lo más fiel posible a la historia, llegando a viajar a la región en la que vivían los zaporogos, etnia a la que pertenecen los cosacos que aparecen en el cuadro.
Pero, ¿qué anécdota histórica refleja Repin en esta obra de arte?
Corría el año 1663.
Alejo I, el segundo zar de la dinastía Romanov, no se llevaba demasiado bien con el sultán turco. Decidió llevar acabo una serie de ataques a los asentamientos otomanos instalados a orillas del mar Negro. Para ello, envió un contingente de cosacos zaporogos, famosos por su experiencia a la hora de realizar ataques anfibios. El sultán, iracundo, envió a un grupo de hombres al sech (asentamiento) zaporogo para que les informara de los movimientos de los cosacos. Harto ya de que saqueasen sus enclaves, los turcos marcharon una noche en la que los guerreros de la estepa dormían la mona y rodearon la fortaleza. Uno de los cosacos que estaba de guardia sin haber probado una gota de alcohol se dio cuenta de la situación y dio la voz de alarma. Rápidamente, los cosacos despacharon a los turcos.
Este ataque se llevó acabo después de que el sultán, queriendo hacerse amigo de estos jinetes, se proclamara "paladín de los cosacos", jugando con la idea de muchos de ellos que buscaban una "república" cosaca independiente.
Los zaporogos, ofendidos tras este ataque, le escribieron una peculiar carta al sultán para dejarle las cosas bien claras:
"¡Tú, demonio turco y aliado de Satán! ¡Que te atreves a llamarte Señor de los cristianos cuando no lo eres! ¡Friegaplatos de Babilonia! ¡Cervecero de Jerusalén! ¡Cabrero de Alejandría! ¡Porquero del Alto y el Bajo Egipto! ¡Cerdo armenio! ¡Infiel insolente! ¡Vete al infierno! ¡Los cosacos escupimos en lo que dices ahora y en cualquier cosa que puedas inventarte en el futuro!"
Como es lógico, al sultán no le hizo mucha gracia esta carta.
Este cuadro es uno de mis favoritos de toda la obra de Repin y, por alguna casualidad, también era el cuadro predilecto de Stalin.
Espero que os haya gustado este post.
¡Nos vemos!
¿Qué tal?
Hoy voy a escribir un post donde se mezclan la historia del arte con la historia universal en sí. Bueno, la historia de Rusia (que original viniendo de mí).
Seguro que os habéis fijado en el personajillo que aparece en la cabecera de mi blog: un afable escribano que, por su postura a la hora de escribir, demuestra estar llevando acabo su trabajo con sumo cuidado.
Algunos seguro que habéis reconocido el cuadro en el que aparece esta figura. Para los que no lo sepan, va este post.
El cuadro en el que aparece este señor se llama "Cosacos zaporogos escribiendo una carta al sultán de Turquía" y su autor fue Iliá Repin.
Repin es uno de los más grandes pintores rusos. Su obra se encuadra en el realismo, ofreciendo escenas de la vida cotidiana rusa de finales del siglo XIX y principios del XX aunque también se inspira en varios hechos de la historia de Rusia. Este es uno de ellos.
Para realizar esta obra, Repin se documentó bastante a la hora de ser lo más fiel posible a la historia, llegando a viajar a la región en la que vivían los zaporogos, etnia a la que pertenecen los cosacos que aparecen en el cuadro.
Pero, ¿qué anécdota histórica refleja Repin en esta obra de arte?
Corría el año 1663.
Alejo I, el segundo zar de la dinastía Romanov, no se llevaba demasiado bien con el sultán turco. Decidió llevar acabo una serie de ataques a los asentamientos otomanos instalados a orillas del mar Negro. Para ello, envió un contingente de cosacos zaporogos, famosos por su experiencia a la hora de realizar ataques anfibios. El sultán, iracundo, envió a un grupo de hombres al sech (asentamiento) zaporogo para que les informara de los movimientos de los cosacos. Harto ya de que saqueasen sus enclaves, los turcos marcharon una noche en la que los guerreros de la estepa dormían la mona y rodearon la fortaleza. Uno de los cosacos que estaba de guardia sin haber probado una gota de alcohol se dio cuenta de la situación y dio la voz de alarma. Rápidamente, los cosacos despacharon a los turcos.
Este ataque se llevó acabo después de que el sultán, queriendo hacerse amigo de estos jinetes, se proclamara "paladín de los cosacos", jugando con la idea de muchos de ellos que buscaban una "república" cosaca independiente.
Los zaporogos, ofendidos tras este ataque, le escribieron una peculiar carta al sultán para dejarle las cosas bien claras:
"¡Tú, demonio turco y aliado de Satán! ¡Que te atreves a llamarte Señor de los cristianos cuando no lo eres! ¡Friegaplatos de Babilonia! ¡Cervecero de Jerusalén! ¡Cabrero de Alejandría! ¡Porquero del Alto y el Bajo Egipto! ¡Cerdo armenio! ¡Infiel insolente! ¡Vete al infierno! ¡Los cosacos escupimos en lo que dices ahora y en cualquier cosa que puedas inventarte en el futuro!"
Como es lógico, al sultán no le hizo mucha gracia esta carta.
Este cuadro es uno de mis favoritos de toda la obra de Repin y, por alguna casualidad, también era el cuadro predilecto de Stalin.
Espero que os haya gustado este post.
¡Nos vemos!
viernes, 28 de septiembre de 2012
La reina de los icenos.
¡Hola, gentes del lugar!
Seguimos con más pequeñas biografías de grandes hombres.
Bueno, en este caso, de una gran mujer.
Todo el mundo que me conoce sabe que me gustan las mujeres guerreras. No, no por ver al enésimo clon de Crimson Sonia sino porque ver a una mujer en un campo de batalla, en primera línea de combate, es algo raro de ver (por algo me encanta el Ejército Rojo).
Y si hay una de estas valientes mujeres que me entusiasman esa es Boadicea, reina de la tribu britana de los icenos.
Boadicea (latinización de Boudicca) era la esposa de Prasutago, rey de la tribu de los icenos. Esta tribu celta ocupaba lo que hoy en día es Norfolk, en Inglaterra.
Con la muerte de su esposo en el año 60 d. C., el emperador romano Nerón vio la oportunidad de conquistar las posesiones de este pueblo. Las legiones romanas marcharon con éxito sobre los icenos y con 35 años, Boadicea tuvo que contemplar como sus dos hijas eran violadas por los soldados romanos y su pueblo esclavizado mientras ella era azotada con un látigo.
Humillada y furiosa por lo que los invasores le hicieron, nuestra reina britana favorita planeo su venganza.
Al igual que varios años antes hizo Vercingétorix en la Galia, Boadicea convenció a las tribus vecinas para unirse en su lucha contra Roma.
Su primer gran éxito fue una emboscada contra las tropas comandadas por Quinto Petilio Cerial, las cuales marchaban hacia al sur. Casi la totalidad de la legión fue masacrada, excepto 500 oficiales de caballería que consiguieron que el general romano escapara hacia el norte. Tras esta victoria, los guerreros de la reina de los icenos marcharon hacia el cuartel general romano que se encontraba al sur. Allí, las fuerza britanas consiguieron que los defensores se retiraran. Tras dos días de batalla, los icenos tomaron el templo de Claudio.
El comandante en jefe de las fuerzas romanas, Cayo Suetonio Paulino, sabiendo la que se avecinaba dio órdenes a un contingente de tropas para que se encontraran con él en Londinium. Cuando Suetonio salió de la ciudad para encontrarse con sus refuerzos a las afueras, allí no había nadie. Pronto descubrió el porqué: el comandante de las tropas de refuerzo se había suicidado cuando conoció la noticia de la masacre de las fuerzas romanas por parte de los britanos.
Fue un gran revés ya que llegaron noticias de que Boadicea y el grueso de su ejército se dirigían hacia la ciudad del Támesis. Al llegar, los celtas le devolvieron la jugada a los romanos matando a todo ciudadano que encontraban en su camino y quemando cualquier edificación que se ponía delante de sus narices.
El siguiente asentamiento en caer fue Verulamium.
Y llegó el momento clave.
Los ejércitos de Boadicea y los de Suetonio se encontraron cerca de la actual Manchester.
Las tropas britanas superaban en número a las romanas pero estas últimas tenían la ventaja estratégica de estar colocadas en lo alto de una colina.
Como era habitual, antes de la batalla los dos generales al mando de cada ejército se reunían en mitad el campo de batalla para llegar a un acuerdo para evitar un derramamiento de sangre. Suetonio quedó impresionado al ver a Boadicea dirigirse hacia su persona montada en un carro de guerra, acompañada por sus dos hijas. Y es que, según las fuentes, nuestra protagonista imponía bastante. Se dice que era tan alta como dos legionarios puestos uno encima de otro (claro que hay que tener en cuenta que César medía unos 1'75 m. de estatura y decían que era demasiado alto para ser romano) y que su voz era tan atronadora que podía helar la sangre del guerrero más valiente de un grito. "Esta no es la primera vez que los britanos son comandados por una mujer", dijo la reina de los icenos según Tácito y añadió: "Solo tenéis dos opciones: vencer o morir".
Pero Suetonio, como todo buen general romano, era un gran estratega y no tardó en aniquilar al ejército britano. Boadicea y sus hijas, sabiendo cual iba a ser su futuro si eran capturadas, decidieron suicidarse.
Boadicea es un símbolo de unidad para los ingleses frente a enemigos extranjeros.
Durante la era victoriana, muchos fueron los artistas que realizaron sus obras basándose en ella. De hecho, era normal comparar a la reina de los icenos con la Reina de Reinas, Victoria.
Y hasta aquí este post.
Espero que os haya gustado y, si veis algo que esté mal, avisadme.
¡Nos vemos!
Seguimos con más pequeñas biografías de grandes hombres.
Bueno, en este caso, de una gran mujer.
Todo el mundo que me conoce sabe que me gustan las mujeres guerreras. No, no por ver al enésimo clon de Crimson Sonia sino porque ver a una mujer en un campo de batalla, en primera línea de combate, es algo raro de ver (por algo me encanta el Ejército Rojo).
Y si hay una de estas valientes mujeres que me entusiasman esa es Boadicea, reina de la tribu britana de los icenos.
Boadicea (latinización de Boudicca) era la esposa de Prasutago, rey de la tribu de los icenos. Esta tribu celta ocupaba lo que hoy en día es Norfolk, en Inglaterra.
Con la muerte de su esposo en el año 60 d. C., el emperador romano Nerón vio la oportunidad de conquistar las posesiones de este pueblo. Las legiones romanas marcharon con éxito sobre los icenos y con 35 años, Boadicea tuvo que contemplar como sus dos hijas eran violadas por los soldados romanos y su pueblo esclavizado mientras ella era azotada con un látigo.
Humillada y furiosa por lo que los invasores le hicieron, nuestra reina britana favorita planeo su venganza.
Al igual que varios años antes hizo Vercingétorix en la Galia, Boadicea convenció a las tribus vecinas para unirse en su lucha contra Roma.
Su primer gran éxito fue una emboscada contra las tropas comandadas por Quinto Petilio Cerial, las cuales marchaban hacia al sur. Casi la totalidad de la legión fue masacrada, excepto 500 oficiales de caballería que consiguieron que el general romano escapara hacia el norte. Tras esta victoria, los guerreros de la reina de los icenos marcharon hacia el cuartel general romano que se encontraba al sur. Allí, las fuerza britanas consiguieron que los defensores se retiraran. Tras dos días de batalla, los icenos tomaron el templo de Claudio.
El comandante en jefe de las fuerzas romanas, Cayo Suetonio Paulino, sabiendo la que se avecinaba dio órdenes a un contingente de tropas para que se encontraran con él en Londinium. Cuando Suetonio salió de la ciudad para encontrarse con sus refuerzos a las afueras, allí no había nadie. Pronto descubrió el porqué: el comandante de las tropas de refuerzo se había suicidado cuando conoció la noticia de la masacre de las fuerzas romanas por parte de los britanos.
Fue un gran revés ya que llegaron noticias de que Boadicea y el grueso de su ejército se dirigían hacia la ciudad del Támesis. Al llegar, los celtas le devolvieron la jugada a los romanos matando a todo ciudadano que encontraban en su camino y quemando cualquier edificación que se ponía delante de sus narices.
El siguiente asentamiento en caer fue Verulamium.
Y llegó el momento clave.
Los ejércitos de Boadicea y los de Suetonio se encontraron cerca de la actual Manchester.
Las tropas britanas superaban en número a las romanas pero estas últimas tenían la ventaja estratégica de estar colocadas en lo alto de una colina.
Como era habitual, antes de la batalla los dos generales al mando de cada ejército se reunían en mitad el campo de batalla para llegar a un acuerdo para evitar un derramamiento de sangre. Suetonio quedó impresionado al ver a Boadicea dirigirse hacia su persona montada en un carro de guerra, acompañada por sus dos hijas. Y es que, según las fuentes, nuestra protagonista imponía bastante. Se dice que era tan alta como dos legionarios puestos uno encima de otro (claro que hay que tener en cuenta que César medía unos 1'75 m. de estatura y decían que era demasiado alto para ser romano) y que su voz era tan atronadora que podía helar la sangre del guerrero más valiente de un grito. "Esta no es la primera vez que los britanos son comandados por una mujer", dijo la reina de los icenos según Tácito y añadió: "Solo tenéis dos opciones: vencer o morir".
Pero Suetonio, como todo buen general romano, era un gran estratega y no tardó en aniquilar al ejército britano. Boadicea y sus hijas, sabiendo cual iba a ser su futuro si eran capturadas, decidieron suicidarse.
Boadicea es un símbolo de unidad para los ingleses frente a enemigos extranjeros.
Durante la era victoriana, muchos fueron los artistas que realizaron sus obras basándose en ella. De hecho, era normal comparar a la reina de los icenos con la Reina de Reinas, Victoria.
Y hasta aquí este post.
Espero que os haya gustado y, si veis algo que esté mal, avisadme.
¡Nos vemos!
martes, 18 de septiembre de 2012
Der Kaiser!
¡Buenos días, amantes de la historia!
El post de hoy es otra sugerencia, en este caso de Runciter, ese chaval que escribe unos relatos de ciencia ficción para quitarse el sombrero. Me pidió que tratara a uno de los personajes más pintorescos que han cruzado las colinas de ese territorio llamado Historia Universal y, casualidad o no, tengo un librito de la Osprey con una pequeña biografía sobre este señor (regalo de mi colega David).
Así que, sin más preámbulos, os presento a Guillermo II, Emperador de Alemania.
Guillermo nació en la capital de Prusia, Berlín, el 27 de enero de 1859. Hijo del que sería el rey de Prusia, Federico III y de Victoria, hija de vosotros ya sabéis que famosa reina de Gran Bretaña (God save the Queen!). El pobre nació con una parálisis en su mano izquierda, la cual acomplejó bastante al futuro emperador (fijáos como la oculta en sus retratos y fotografías tras la espalda o tapada por una capa o un abrigo) aunque esto no le impidió ser un buen jinete y un excelente tirador. Su carácter era bastante chocante para el que lo conocía: no se guardaba nada dentro de su cabeza y si tenía que insultar a la cara a alguien, lo hacía, fuera cual fuera su cargo. Esto lo convirtió en un pésimo diplomático. Rara era la vez que el cuerpo de relaciones internacionales alemán no tuviera que disculparse por los incendiarios discursos de su líder.
Recibió una estricta educación, digna de cualquier príncipe prusiano, y si añadimos a eso que uno de sus mentores fue Otto von Bismarck, pues ya ni te digo. El Canciller de Cancilleres fue quien inculcó a Guillermo ese pensamiento conservador que le acompañará durante toda su vida, al contrario que su padre que era más liberal.
En 1888, muere su padre tras tan solo tres meses de reinado y con el único hito de haber despedido a Bismarck.
La educación tan férrea que recibió convirtió a Guillermo en un emperador profundamente militarista, llevando acabo políticas de adquisición sin cuartel de colonias ultramarinas. Esta forma de forjar su imperio se debe también a la envidia que sentía al ver el inabarcable imperio de su abuela, uno de los más grandes y duraderos de la historia. Para hacer realidad ese "lugar en el sol", Guillermo apoyó un programa para renovar la Reichsmarine (la marina de guerra alemana) para que pudiera hacer frente a la todopoderosa Royal Navy. Durante la guerra inglesa contra los boers (1899-1902), el kaiser apoyó a los colonos holandeses, lo que acabó para siempre con la amistad con Inglaterra. Tras un ataque nervioso en 1908, Guillermo se retiró de la política activa para dirigir al imperio desde las sombras (eso suena muy macabro pero corre la leyenda de que al bueno de Guille le atraían los temas relacionados con el ocultismo).
Llegamos al 28 de junio de 1914.
Durante una visita a Sarajevo, el archiduque del Imperio Austrohúngaro Francisco Fernando es asesinado en un acto terrorista por un serbio de nombre Gavrilo Prinzip, miembro de una supuesta organización terrorista anarquista conocida como la Mano Negra (guiño, guiño).
Guillermo convence a los austriacos para que se venguen de Serbia por este crimen, dando como resultado la Primera Guerra Mundial. En un principio, el kaiser era el comandante supremo del ejército alemán pero su ineptitud a la hora de liderar sus fuerzas lo relegó a un segundo plano. El carácter tan fuerte de Guillermo hacía que celebrara cada victoria como si fuera el fin del Imperio Británico y cada derrota lo sumía en una profunda depresión.
Debido a la fuerte subida de popularidad del legendario general (y futuro canciller) Paul von Hindenburg, el kaiser comenzó a apoyar a otro de sus generales, Falkenhayn, pero cuando el gigantesco (literalmente) Hindenburg llegó a tener poder suficiente como para dar órdenes sin tener que dar explicaciones al emperador, Guillermo perdió cualquier tipo de influencia y más todavía cuando su política de guerra submarina sin cuartel (atacando tanto a naves militares enemigas, como mercantes e, incluso, civiles) hizo que los EEUU entraran en la Gran Guerra.
Las continuas derrotas alemanas minaron todavía más su popularidad. Para 1918, Guillermo seguía en el trono no por sus capacidades de gobierno sino por su figura simbólica. El 9 de noviembre de ese año, ante la inestabilidad que campaba a sus anchas por el país, el kaiser abdicó de su título de emperador. El 28 de noviembre haría lo mismo con el de rey.
Guillermo se exilió a la localidad de Doorn, en Holanda, donde tras la muerte de su esposa se casaría con una chica de 35 años. El viejo kaiser buscaba volver al trono y esa oportunidad parecía estar cerca con el ascenso de Adolf Hitler al poder en Alemania pero Guillermo aprendió que nunca hay que fiarse de un nazi.
Tal fue su enfado con el nuevo canciller que prohibió que los nazis acudieran a su entierro.
El 5 de junio de 1941, el último kaiser murió.
El post de hoy es otra sugerencia, en este caso de Runciter, ese chaval que escribe unos relatos de ciencia ficción para quitarse el sombrero. Me pidió que tratara a uno de los personajes más pintorescos que han cruzado las colinas de ese territorio llamado Historia Universal y, casualidad o no, tengo un librito de la Osprey con una pequeña biografía sobre este señor (regalo de mi colega David).
Así que, sin más preámbulos, os presento a Guillermo II, Emperador de Alemania.
Guillermo nació en la capital de Prusia, Berlín, el 27 de enero de 1859. Hijo del que sería el rey de Prusia, Federico III y de Victoria, hija de vosotros ya sabéis que famosa reina de Gran Bretaña (God save the Queen!). El pobre nació con una parálisis en su mano izquierda, la cual acomplejó bastante al futuro emperador (fijáos como la oculta en sus retratos y fotografías tras la espalda o tapada por una capa o un abrigo) aunque esto no le impidió ser un buen jinete y un excelente tirador. Su carácter era bastante chocante para el que lo conocía: no se guardaba nada dentro de su cabeza y si tenía que insultar a la cara a alguien, lo hacía, fuera cual fuera su cargo. Esto lo convirtió en un pésimo diplomático. Rara era la vez que el cuerpo de relaciones internacionales alemán no tuviera que disculparse por los incendiarios discursos de su líder.
Recibió una estricta educación, digna de cualquier príncipe prusiano, y si añadimos a eso que uno de sus mentores fue Otto von Bismarck, pues ya ni te digo. El Canciller de Cancilleres fue quien inculcó a Guillermo ese pensamiento conservador que le acompañará durante toda su vida, al contrario que su padre que era más liberal.
En 1888, muere su padre tras tan solo tres meses de reinado y con el único hito de haber despedido a Bismarck.
La educación tan férrea que recibió convirtió a Guillermo en un emperador profundamente militarista, llevando acabo políticas de adquisición sin cuartel de colonias ultramarinas. Esta forma de forjar su imperio se debe también a la envidia que sentía al ver el inabarcable imperio de su abuela, uno de los más grandes y duraderos de la historia. Para hacer realidad ese "lugar en el sol", Guillermo apoyó un programa para renovar la Reichsmarine (la marina de guerra alemana) para que pudiera hacer frente a la todopoderosa Royal Navy. Durante la guerra inglesa contra los boers (1899-1902), el kaiser apoyó a los colonos holandeses, lo que acabó para siempre con la amistad con Inglaterra. Tras un ataque nervioso en 1908, Guillermo se retiró de la política activa para dirigir al imperio desde las sombras (eso suena muy macabro pero corre la leyenda de que al bueno de Guille le atraían los temas relacionados con el ocultismo).
Llegamos al 28 de junio de 1914.
Durante una visita a Sarajevo, el archiduque del Imperio Austrohúngaro Francisco Fernando es asesinado en un acto terrorista por un serbio de nombre Gavrilo Prinzip, miembro de una supuesta organización terrorista anarquista conocida como la Mano Negra (guiño, guiño).
Guillermo convence a los austriacos para que se venguen de Serbia por este crimen, dando como resultado la Primera Guerra Mundial. En un principio, el kaiser era el comandante supremo del ejército alemán pero su ineptitud a la hora de liderar sus fuerzas lo relegó a un segundo plano. El carácter tan fuerte de Guillermo hacía que celebrara cada victoria como si fuera el fin del Imperio Británico y cada derrota lo sumía en una profunda depresión.
Debido a la fuerte subida de popularidad del legendario general (y futuro canciller) Paul von Hindenburg, el kaiser comenzó a apoyar a otro de sus generales, Falkenhayn, pero cuando el gigantesco (literalmente) Hindenburg llegó a tener poder suficiente como para dar órdenes sin tener que dar explicaciones al emperador, Guillermo perdió cualquier tipo de influencia y más todavía cuando su política de guerra submarina sin cuartel (atacando tanto a naves militares enemigas, como mercantes e, incluso, civiles) hizo que los EEUU entraran en la Gran Guerra.
Las continuas derrotas alemanas minaron todavía más su popularidad. Para 1918, Guillermo seguía en el trono no por sus capacidades de gobierno sino por su figura simbólica. El 9 de noviembre de ese año, ante la inestabilidad que campaba a sus anchas por el país, el kaiser abdicó de su título de emperador. El 28 de noviembre haría lo mismo con el de rey.
Guillermo se exilió a la localidad de Doorn, en Holanda, donde tras la muerte de su esposa se casaría con una chica de 35 años. El viejo kaiser buscaba volver al trono y esa oportunidad parecía estar cerca con el ascenso de Adolf Hitler al poder en Alemania pero Guillermo aprendió que nunca hay que fiarse de un nazi.
Tal fue su enfado con el nuevo canciller que prohibió que los nazis acudieran a su entierro.
El 5 de junio de 1941, el último kaiser murió.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Honores de Sultán
¡Saludos, personas con hambre de conocimientos!
Volvemos fuerte con la historia gracias a una petición de Migue, el cual me retó a hacer un post sobre Saladino.
Pues aquí lo tienes, recién salidito del horno.
¡Comencemos!
Hagamos un experimento (¡Sí! ¡Experimentos! For Science!!!).
Salgamos a la calle y preguntémosle a la primera persona que pase a nuestro lado algo sobre el Oriente medieval. Si es una persona con cierta cultura general y no un cani estúpido, seguro que responderá cosas como "cruzadas", "Jerusalén", "Ricardo Corazón de León (o de Miau)" o "Saladino". Si responde lo último, salid corriendo en dirección opuesta, riéndoos como maniacos. Si os detiene la policía, decidle que lo hacéis en el nombre de la ciencia, así no os podrán detener.
Y es que nuestro peculiar experimento ha sido todo un éxito.
Saladino es el personaje más popular del medievo islámico.
Las historias sobre este hombre han llegado hasta nuestro días envueltas en un halo de leyenda. Para el 99'9 % de los mortales, Saladino era un ejemplo de caballerosidad y de honor, más incluso que alguno de los grandes caballeros medievales occidentales.
Pero, ¿cómo era el hombre?
No es mi intención hacer una biografía superdetallada de Saladino y más disponiendo de tan poco tiempo y material. Así que os recomiendo el libro "Las cruzadas vistas por los árabes", de Amin Maalouf, si queréis saber más sobre este tipo.
Salah al-Din Yusuf ibn Ayub (es un nombre musulmán, ¿qué esperabais?) nació en el año 1138 en Tikrit, en la actual Irak, pueblo donde nació también el finado Saddam Hussein. De origen kurdo, Saladino pertenecía a la dinastía árabe de los Ayubíes lo que era una ventaja para poder codearse con otro gran hombre: Nuraldín, famoso por haber reunificado Siria bajo su mandato en la segunda mitad del siglo XII. Esto fue debido a que al morir el padre de Nuraldín, Zengi, la familia de Saladino apoyó a este personaje hasta el final en la guerra civil por el trono.
Los padres de Saladino dejaron a este al cuidado de Nuraldín.
En la corte del nuevo sultán, el joven Saladino aprendió tácticas militares además de conocimientos sobre ciencia y arte.
El auge del futuro sultán llegó en 1164, cuando marchó hacia Egipto para poner fin a las disputas entre el visir de los Fatimíes (dinastía que gobernaba el país de los faraones) y uno de sus rivales, Shawar. Allí, Saladino demostró sus grandes dotes militares al acabar con al derrotar a las tropas de Shawar, el cual estaba aliado con Amalarico de Jerusalén (¿Recordáis? El papá de Balduino IV, el leproso). Esto le valió al joven el conseguir un puesto en el gobierno de Egipto.
Al morir el visir, Saladino ocuparía su puesto. Mientras ocupaba este cargo, tuvo noticia de un complot contra su persona y ejecutó al culpable. Esto hizo que parte del ejército se rebelara pero no duró mucho, ya que él la aplastó facilmente.
Tras la muerte del califa fatimí, Saladino consiguió más poder del que podía haber imaginado. Esto escamaba bastante a Nuraldín, el cual veía como su vasallo tenía el mismo poder que él.
Tras la muerte de su señor, en 1174, Saladino comenzó a saborear el sultanato de Siria pero pensó que sería algo precipitado y amoral atacar las tierras de su antiguo señor. La excusa perfecta llegó cuando el nuevo regente, Gumushtigin, decidió acabar con sus rivales, entre ellos la ciudad de Damasco.
Ante las súplicas, Saladino marchó contra este emir. Fue bastante difícil acabar y más si tenemos en cuenta el intento de asesinato del que fue víctima Saladino. Trece miembros de la secta de los Asesinos se abalanzaron contra Saladino pero estos fueron reducidos por su guardia.
Con la conquista de Alepo, Saladino ya podía ser proclamado Sultán.
Tras alcanzar la gloria, Saladino tenía otro problema: los cruzados.
Como ya he dicho, no voy a relatar la Tercera Cruzada de pe a pa.
Solo dos cosas: Saladino demostró su valía como táctico en la batalla de Hattin, la mayor derrota que conocieron los cruzados hasta la fecha y, como todo el mundo sabe, el sitio de Jerusalén, donde los cruzados aprendieron que la conquista de Tierra Santa había llegado a su fin.
Saladino es para muchos un ejemplo de honor.
La realidad nos enseña que a veces sí y a veces no. Hattin es un claro ejemplo de lo que el sultán podía llegar a hacer. Se les dio a los templarios y hospitalarios capturados la opción de convertirse al Islam o morir. Esto parecería algo normal a no ser porque la ley islámica prohibe la conversión bajo amenaza.
Aunque también hay actuaciones muy curiosas como cuando le envió a Ricardo Corazón de León una bolsa con nieve para curar unas fiebres que sufría.
Saladino murió en 1193.
Una curiosidad sobre su tumba, en Damasco, es que vais a encontrar dos sepulcros: uno de madera y otro de mármol. El primero es el original, poco decorado ya que ha Saladino no le gustaba demasiado la ostentación. El segundo fue un regalo a la ciudad por parte de Guillermo II. Sí, el kaiser alemán famoso por su egocentrismo.
Reitero: esto no es todo. Solo son unas pequeñas pinceladas sobre la vida de este hombre.
Y, recordad, si veis algún error, avisadme.
¡Nos vemos!
Volvemos fuerte con la historia gracias a una petición de Migue, el cual me retó a hacer un post sobre Saladino.
Pues aquí lo tienes, recién salidito del horno.
¡Comencemos!
Hagamos un experimento (¡Sí! ¡Experimentos! For Science!!!).
Salgamos a la calle y preguntémosle a la primera persona que pase a nuestro lado algo sobre el Oriente medieval. Si es una persona con cierta cultura general y no un cani estúpido, seguro que responderá cosas como "cruzadas", "Jerusalén", "Ricardo Corazón de León (o de Miau)" o "Saladino". Si responde lo último, salid corriendo en dirección opuesta, riéndoos como maniacos. Si os detiene la policía, decidle que lo hacéis en el nombre de la ciencia, así no os podrán detener.
Y es que nuestro peculiar experimento ha sido todo un éxito.
Saladino es el personaje más popular del medievo islámico.
Las historias sobre este hombre han llegado hasta nuestro días envueltas en un halo de leyenda. Para el 99'9 % de los mortales, Saladino era un ejemplo de caballerosidad y de honor, más incluso que alguno de los grandes caballeros medievales occidentales.
Pero, ¿cómo era el hombre?
No es mi intención hacer una biografía superdetallada de Saladino y más disponiendo de tan poco tiempo y material. Así que os recomiendo el libro "Las cruzadas vistas por los árabes", de Amin Maalouf, si queréis saber más sobre este tipo.
Salah al-Din Yusuf ibn Ayub (es un nombre musulmán, ¿qué esperabais?) nació en el año 1138 en Tikrit, en la actual Irak, pueblo donde nació también el finado Saddam Hussein. De origen kurdo, Saladino pertenecía a la dinastía árabe de los Ayubíes lo que era una ventaja para poder codearse con otro gran hombre: Nuraldín, famoso por haber reunificado Siria bajo su mandato en la segunda mitad del siglo XII. Esto fue debido a que al morir el padre de Nuraldín, Zengi, la familia de Saladino apoyó a este personaje hasta el final en la guerra civil por el trono.
Los padres de Saladino dejaron a este al cuidado de Nuraldín.
En la corte del nuevo sultán, el joven Saladino aprendió tácticas militares además de conocimientos sobre ciencia y arte.
El auge del futuro sultán llegó en 1164, cuando marchó hacia Egipto para poner fin a las disputas entre el visir de los Fatimíes (dinastía que gobernaba el país de los faraones) y uno de sus rivales, Shawar. Allí, Saladino demostró sus grandes dotes militares al acabar con al derrotar a las tropas de Shawar, el cual estaba aliado con Amalarico de Jerusalén (¿Recordáis? El papá de Balduino IV, el leproso). Esto le valió al joven el conseguir un puesto en el gobierno de Egipto.
Al morir el visir, Saladino ocuparía su puesto. Mientras ocupaba este cargo, tuvo noticia de un complot contra su persona y ejecutó al culpable. Esto hizo que parte del ejército se rebelara pero no duró mucho, ya que él la aplastó facilmente.
Tras la muerte del califa fatimí, Saladino consiguió más poder del que podía haber imaginado. Esto escamaba bastante a Nuraldín, el cual veía como su vasallo tenía el mismo poder que él.
Tras la muerte de su señor, en 1174, Saladino comenzó a saborear el sultanato de Siria pero pensó que sería algo precipitado y amoral atacar las tierras de su antiguo señor. La excusa perfecta llegó cuando el nuevo regente, Gumushtigin, decidió acabar con sus rivales, entre ellos la ciudad de Damasco.
Ante las súplicas, Saladino marchó contra este emir. Fue bastante difícil acabar y más si tenemos en cuenta el intento de asesinato del que fue víctima Saladino. Trece miembros de la secta de los Asesinos se abalanzaron contra Saladino pero estos fueron reducidos por su guardia.
Con la conquista de Alepo, Saladino ya podía ser proclamado Sultán.
Tras alcanzar la gloria, Saladino tenía otro problema: los cruzados.
Como ya he dicho, no voy a relatar la Tercera Cruzada de pe a pa.
Solo dos cosas: Saladino demostró su valía como táctico en la batalla de Hattin, la mayor derrota que conocieron los cruzados hasta la fecha y, como todo el mundo sabe, el sitio de Jerusalén, donde los cruzados aprendieron que la conquista de Tierra Santa había llegado a su fin.
Saladino es para muchos un ejemplo de honor.
La realidad nos enseña que a veces sí y a veces no. Hattin es un claro ejemplo de lo que el sultán podía llegar a hacer. Se les dio a los templarios y hospitalarios capturados la opción de convertirse al Islam o morir. Esto parecería algo normal a no ser porque la ley islámica prohibe la conversión bajo amenaza.
Aunque también hay actuaciones muy curiosas como cuando le envió a Ricardo Corazón de León una bolsa con nieve para curar unas fiebres que sufría.
Saladino murió en 1193.
Una curiosidad sobre su tumba, en Damasco, es que vais a encontrar dos sepulcros: uno de madera y otro de mármol. El primero es el original, poco decorado ya que ha Saladino no le gustaba demasiado la ostentación. El segundo fue un regalo a la ciudad por parte de Guillermo II. Sí, el kaiser alemán famoso por su egocentrismo.
Reitero: esto no es todo. Solo son unas pequeñas pinceladas sobre la vida de este hombre.
Y, recordad, si veis algún error, avisadme.
¡Nos vemos!
martes, 28 de agosto de 2012
Hakaa päälle!
¡Hola, gentes!
Aquí estoy, una vez más, para ofreceros vuestra dosis recomendada de historia.
Seguro que cuando habéis leído el título de este post habéis pensado: "¡Qué Dios nos asista! ¡Platov se ha vuelto loco! ¡Habla en un idioma antediluviano!" Bueno, si para vosotros el finés es un idioma antediluviano, sí, me he vuelto loco.
Veréis, este post ha surgido de algo que se ha puesto de moda ultimamente en los juegos de estrategia. Sí, al igual que en otros géneros videojueguiles, en la estrategia también hay modas (¿recordáis cuando a todo el mundo le dio por hacer juegos ambientados en la Segunda Guerra Mundial?). No solo ocurre con alguna era sino, también, con civilizaciones y unidades. Ahora, si alguien saca un juego de estrategia sobre civilizaciones o algo así, pone a los suecos como facción jugable pero eso no es lo extraño (hacer un juego ambientado en el siglo XVII y no sacar a Suecia es un delito que debería ser penado con la muerte). No. Lo curioso es que a esta civilización le endosan de unidad única unos tipos de nombre impronunciable llamados "hakkapelitta".
¿Qué era un hakkapelita?
Bien, a eso voy.
Para explicároslo mejor, viajemos en el tiempo a la Guerra de los Treinta Años. Ya sabéis, los alemanes católicos comenzaron a tirarle los trastos a la cabeza de los protestantes. Estos últimos estaban indefensos ya que quien tuvo la idea de atacarles fue el mismísimo emperador. Todo parecía perdido para los protestantes hasta que de Suecia llegó un hombre: Gustavo Adolfo, rey de todos los suecos. Gustavo era un gran estratega y su nombre inspiraba temor en sus adversarios. Entre sus hombres, contaba con una unidad de caballería ligera muy especial: los hakkapelita.
Los hakkapelitta eran unos jinetes de origen finlandés, ya que por aquella época Finlandia formaba parte del reino de Suecia, que servían sin rechistar al rey sueco.
Su nombre deriva del grito de guerra que da nombre a este post, que traducido del finés significa algo así como "¡Despedazadlos!".
Esta unidad de caballería ligera era conocida por desconocer algunos términos como "piedad" o "clemencia". Tan salvajes como un cosaco o más, los hakkapelitta se lanzaban al campo de batalla sin dejar a ninguno de sus enemigos con vida. Algo normal si tenemos en cuenta que esta gente procedía de la zona más dura de toda Finlandia: la frontera con Rusia.
En la batalla de Oldendorf, en 1633, un mercenario escocés decía que los hakkapelitta masacraron a las tropas enemigas sin sentir ningún remordimiento. Los clérigos alemanes se encomendaban a Dios para proteger a las tropas cristianas de estos temibles jinetes.
Dado que eran caballería ligera, también eran usados para tareas de exploración. Su equipamiento era bastante simple, llevando solo como protección un casco de inspiración polaca (como los de los húsares alados) a finales de la guerra. Sus armas consistían en sables de caballería polacos o martillos de guerra.
Bueno, espero que os haya gustado este pequeño post.
¡Nos vemos!
Aquí estoy, una vez más, para ofreceros vuestra dosis recomendada de historia.
Seguro que cuando habéis leído el título de este post habéis pensado: "¡Qué Dios nos asista! ¡Platov se ha vuelto loco! ¡Habla en un idioma antediluviano!" Bueno, si para vosotros el finés es un idioma antediluviano, sí, me he vuelto loco.
Veréis, este post ha surgido de algo que se ha puesto de moda ultimamente en los juegos de estrategia. Sí, al igual que en otros géneros videojueguiles, en la estrategia también hay modas (¿recordáis cuando a todo el mundo le dio por hacer juegos ambientados en la Segunda Guerra Mundial?). No solo ocurre con alguna era sino, también, con civilizaciones y unidades. Ahora, si alguien saca un juego de estrategia sobre civilizaciones o algo así, pone a los suecos como facción jugable pero eso no es lo extraño (hacer un juego ambientado en el siglo XVII y no sacar a Suecia es un delito que debería ser penado con la muerte). No. Lo curioso es que a esta civilización le endosan de unidad única unos tipos de nombre impronunciable llamados "hakkapelitta".
¿Qué era un hakkapelita?
Bien, a eso voy.
Para explicároslo mejor, viajemos en el tiempo a la Guerra de los Treinta Años. Ya sabéis, los alemanes católicos comenzaron a tirarle los trastos a la cabeza de los protestantes. Estos últimos estaban indefensos ya que quien tuvo la idea de atacarles fue el mismísimo emperador. Todo parecía perdido para los protestantes hasta que de Suecia llegó un hombre: Gustavo Adolfo, rey de todos los suecos. Gustavo era un gran estratega y su nombre inspiraba temor en sus adversarios. Entre sus hombres, contaba con una unidad de caballería ligera muy especial: los hakkapelita.
Los hakkapelitta eran unos jinetes de origen finlandés, ya que por aquella época Finlandia formaba parte del reino de Suecia, que servían sin rechistar al rey sueco.
Su nombre deriva del grito de guerra que da nombre a este post, que traducido del finés significa algo así como "¡Despedazadlos!".
Esta unidad de caballería ligera era conocida por desconocer algunos términos como "piedad" o "clemencia". Tan salvajes como un cosaco o más, los hakkapelitta se lanzaban al campo de batalla sin dejar a ninguno de sus enemigos con vida. Algo normal si tenemos en cuenta que esta gente procedía de la zona más dura de toda Finlandia: la frontera con Rusia.
En la batalla de Oldendorf, en 1633, un mercenario escocés decía que los hakkapelitta masacraron a las tropas enemigas sin sentir ningún remordimiento. Los clérigos alemanes se encomendaban a Dios para proteger a las tropas cristianas de estos temibles jinetes.
Dado que eran caballería ligera, también eran usados para tareas de exploración. Su equipamiento era bastante simple, llevando solo como protección un casco de inspiración polaca (como los de los húsares alados) a finales de la guerra. Sus armas consistían en sables de caballería polacos o martillos de guerra.
Bueno, espero que os haya gustado este pequeño post.
¡Nos vemos!
domingo, 12 de agosto de 2012
Un Asedio Legendario IV
Vamos a ver si termino de una soberana vez.
Por muchas bajas que había sufrido Pachá seguía en sus trece: Malta debía caer, fuera al precio que fuera.
El 20 de agosto se produjo un nuevo ataque. Capitaneado por Sanjak Cheder, este fue abatido gracias a los llamativos colores de los trajes que solían llevar los oficiales turcos a la batalla. Los otomanos tenían que rescatar el cuerpo de Cheder pero un caballero llamado Juan de la Cerda se lanzó hacia los jenízaros que venían en misión de rescate. No logró su objetivo y murió a manos de las fuerzas de elite turcas.
En Birgu, los otomanos construyeron otra torre de asalto, esta vez reforzada con arena y piedras en su base. Los tiradores trucos abatían a los guardias de la brecha con suma facilidad. La Valette ordenó volver a cavar en la base del muro. Al caer las piedras de la muralla, un grupo de caballeros se abalanzó contra la torre, dispuesto a escalarla para dar fin a sus ocupantes. Cuando el ingenio de asedio fue tomado, pasó a formar parte de las defensas cristianas. Más tarde, una flecha cayó en Birgu con un mensaje: "Jueves".
El 23 de agosto se reunió el Consejo de la Orden para analizar la situación.
Se llegó a la conclusión de que Birgu no aguantaría más tiempo. La solución sería retirarse a San Ángelo para plantar cara por última vez al enemigo. La Valette, como siempre, no estaba de acuerdo. No quería abandonar a los malteses a su suerte y, si tenía que morir en Birgu, moriría. Esta noble actitud hizo que sus hombres se quedaran al lado de su valiente maestre, el cual ordenó que se volara el puente que unía Birgu con San Ángelo.
La situación de los otomanos no era tan halagüeña como cabría de esperar: la polvora escaseaba, no habían suficientes provisiones y muchos de los cañones usados en los bombardeos no habían soportado el desgaste de su continua utilización. Lo peor de todo es que el barco que tenía que traer nuevos suministros había sido capturado en alta mar. Pachá decidió atacar Mdina, la capital de la isla.
El uso de espías durante la campaña previno a los caballeros del ataque a Mdina.
Toda la población de la ciudad se prestó voluntaria para su defensa. Los turcos avanzaron y se encontraron con la sorpresa de que todas las murallas estaban llenas de gente armadas con cañones y mosquetes. El ejército otomano tuvo que dar media vuelta.
El 24 de agosto se inició una pausa de una semana.
El 1 de septiembre, los otomanos intentaron un nuevo ataque masivo contra Senglia y Birgu pero, esta vez, la baja moral de las tropas imperiales impedía que fuera tan brutal como los anteriores.
Algo increíble ocurrió el 6 de septiembre. Algo que levantó el ánimo de las tropas cristianas: los refuerzos de Sicilia habían llegado. La Valette usó otra vez su astucia para golpear a Pachá: hizo creer a un esclavo turco que habían llegado 16000 hombres al lugar. Dejó que este escapara y que informara al comandante otomano. Pachá, al oír la noticia, ordenó la retirada total de la isla.
La Valette estaba dilucidando el ataque final cuando escuchó al grueso del ejército otomano salir a toda velocidad del lugar. En la mañana del 8 de septiembre, las posiciones que ocupaban los turcos estaban completamente desiertas. La alegría llenó el corazón de los caballeros y de los malteses.
Mientras, Pachá recibió la sorprendente noticia de que la fuerza de rescate solo constaba de 8000 hombres. Enfurecido, mandó volver a desembarcar a sus tropas y lanzarse contra el enemigo. La Valette supo esto y movilizó de urgencia a todos los caballeros de la isla. En Naxxar, hospitalarios y otomanos se enfrentaron en una gran batalla. Los caballeros cargaron contra el frente mientras que la fuerza de rescate y los milicianos de Mdina hacían lo propio por los flancos. Antes de recibir el primer envite, los turcos comenzaron a huir. Todos se retiraron hacia las barcas. Pachá estuvo a un pelo de ser capturado. Los pocos otomanos que sobrevivieron pudieron embarcar de vuelta a Estanbul.
La Orden de San Juan había cerrado las puertas de Europa a los otomanos con éxito.
Muchos cayeron pero su leyenda sigue viva y todo gracias al gran liderazgo que Jean Parissot de La Valette llevó acabo. Su figura caló tan hondo en los malteses que, en agradecimiento, la nueva ciudad que se fundó en el monte Sciberas para controlar la zona recibió el nombre de La Valetta.
Esta es la historia de un asedio legendario.
Por muchas bajas que había sufrido Pachá seguía en sus trece: Malta debía caer, fuera al precio que fuera.
El 20 de agosto se produjo un nuevo ataque. Capitaneado por Sanjak Cheder, este fue abatido gracias a los llamativos colores de los trajes que solían llevar los oficiales turcos a la batalla. Los otomanos tenían que rescatar el cuerpo de Cheder pero un caballero llamado Juan de la Cerda se lanzó hacia los jenízaros que venían en misión de rescate. No logró su objetivo y murió a manos de las fuerzas de elite turcas.
En Birgu, los otomanos construyeron otra torre de asalto, esta vez reforzada con arena y piedras en su base. Los tiradores trucos abatían a los guardias de la brecha con suma facilidad. La Valette ordenó volver a cavar en la base del muro. Al caer las piedras de la muralla, un grupo de caballeros se abalanzó contra la torre, dispuesto a escalarla para dar fin a sus ocupantes. Cuando el ingenio de asedio fue tomado, pasó a formar parte de las defensas cristianas. Más tarde, una flecha cayó en Birgu con un mensaje: "Jueves".
El 23 de agosto se reunió el Consejo de la Orden para analizar la situación.
Se llegó a la conclusión de que Birgu no aguantaría más tiempo. La solución sería retirarse a San Ángelo para plantar cara por última vez al enemigo. La Valette, como siempre, no estaba de acuerdo. No quería abandonar a los malteses a su suerte y, si tenía que morir en Birgu, moriría. Esta noble actitud hizo que sus hombres se quedaran al lado de su valiente maestre, el cual ordenó que se volara el puente que unía Birgu con San Ángelo.
La situación de los otomanos no era tan halagüeña como cabría de esperar: la polvora escaseaba, no habían suficientes provisiones y muchos de los cañones usados en los bombardeos no habían soportado el desgaste de su continua utilización. Lo peor de todo es que el barco que tenía que traer nuevos suministros había sido capturado en alta mar. Pachá decidió atacar Mdina, la capital de la isla.
El uso de espías durante la campaña previno a los caballeros del ataque a Mdina.
Toda la población de la ciudad se prestó voluntaria para su defensa. Los turcos avanzaron y se encontraron con la sorpresa de que todas las murallas estaban llenas de gente armadas con cañones y mosquetes. El ejército otomano tuvo que dar media vuelta.
El 24 de agosto se inició una pausa de una semana.
El 1 de septiembre, los otomanos intentaron un nuevo ataque masivo contra Senglia y Birgu pero, esta vez, la baja moral de las tropas imperiales impedía que fuera tan brutal como los anteriores.
Algo increíble ocurrió el 6 de septiembre. Algo que levantó el ánimo de las tropas cristianas: los refuerzos de Sicilia habían llegado. La Valette usó otra vez su astucia para golpear a Pachá: hizo creer a un esclavo turco que habían llegado 16000 hombres al lugar. Dejó que este escapara y que informara al comandante otomano. Pachá, al oír la noticia, ordenó la retirada total de la isla.
La Valette estaba dilucidando el ataque final cuando escuchó al grueso del ejército otomano salir a toda velocidad del lugar. En la mañana del 8 de septiembre, las posiciones que ocupaban los turcos estaban completamente desiertas. La alegría llenó el corazón de los caballeros y de los malteses.
Mientras, Pachá recibió la sorprendente noticia de que la fuerza de rescate solo constaba de 8000 hombres. Enfurecido, mandó volver a desembarcar a sus tropas y lanzarse contra el enemigo. La Valette supo esto y movilizó de urgencia a todos los caballeros de la isla. En Naxxar, hospitalarios y otomanos se enfrentaron en una gran batalla. Los caballeros cargaron contra el frente mientras que la fuerza de rescate y los milicianos de Mdina hacían lo propio por los flancos. Antes de recibir el primer envite, los turcos comenzaron a huir. Todos se retiraron hacia las barcas. Pachá estuvo a un pelo de ser capturado. Los pocos otomanos que sobrevivieron pudieron embarcar de vuelta a Estanbul.
La Orden de San Juan había cerrado las puertas de Europa a los otomanos con éxito.
Muchos cayeron pero su leyenda sigue viva y todo gracias al gran liderazgo que Jean Parissot de La Valette llevó acabo. Su figura caló tan hondo en los malteses que, en agradecimiento, la nueva ciudad que se fundó en el monte Sciberas para controlar la zona recibió el nombre de La Valetta.
Esta es la historia de un asedio legendario.
sábado, 11 de agosto de 2012
Un Asedio Legendario III
Bueno, sigamos con este rollo.
Tras sufrir 3000 bajas en su bando, Mustafá Pachá decidió repetir, a mayor escala, la táctica que llevo acabo en San Elmo: rodear la fortaleza, cortar los suministros y atacar por varios frentes a la vez. Además, colocó varios cañones desde el monte Salvador hasta la bahía de Kalkara.
Pachá también pensó que podía ganarse el afecto de los habitantes de la isla, que eran descendientes de musulmanes, pero no funcionó porque los malteses estaban bastante contentos con los caballeros. Preferían ser "esclavos de San Juan antes que ser compañeros del Gran Turco".
Mientras tanto, La Valette dispuso varias defensas a lo largo de Kalkara en forma de botes hundidos unidos por cadenas y mandó levantar barricadas por las calles. La fuerza de rescate tardaba demasiado en llegar y era algo que preocupaba al Gran Maestre.
A la mañana siguiente, las penínsulas de Birgu y Senglia amanecieron bajo una brutal lluvia de proyectiles turcos. Era tal la polvareda levantada en San Miguel que no se podía llegar a ver nada. Ese fue el momento que los otomanos aprovecharon para atacar. Seis horas donde los turcos pudieron establecer varias cabezas de puente tras las defensas cristianas pero los hospitalarios consiguieron repeler el ataque.
Cinco días duró el bombardeo. El 7 de agosto, los turcos volvieron a atacar en oleadas. Estos llegaron al Puerto de Castilla donde aprovecharon una brecha en las defensas para entrar como un vendaval. Fueron recibidos con salvas de mosquetes, fuego griego y ruedas incendiarias. Los caballeros consiguieron repeler el ataque otra vez pero, esta vez, dejaron que el enemigo huyera para poder reparar la brecha.
Pero algo malo ocurría en San Miguel. La fortaleza estaba a punto de caer en manos turcas. Pachá decidió liderar el combate el mismo hasta que enmudeció cuando le informaron de que el campamento otomano estaba siendo atacado. Llegó a la conclusión de que serían los refuerzos cristianos.
En realidad, quien estaba atacando el campamento era la guarnición de la ciudad de Mdina que aprovecharon el ataque total de los turcos para destruir su campamento ahora que este estaba desprotegido. Quemaron tiendas, capturaron caballos y mataron a los enfermos y heridos. Pachá no podía creer lo que había sucedido. Por un descuido, le habían arrebatado una gran victoria.
La Valette seguía apesadumbrado ante la cruda realidad: los refuerzos no llegaban. Tan solo le que daba rezar para poder aguantar lo que se le venía encima. Sin embargo, el papa Pío IV promulgó una bula por la cual cualquier cristiano que luchase para defender Malta se le perdonarían sus pecados y podría reunirse con el Todopoderoso en el Paraíso. Todos los malteses se presentaron para defender su isla.
Pachá seguí empecinado en conquistar las fortalezas de la isla. Para ello, se le ocurrió llevar acabo un asedio de la vieja escuela construyendo una torre de asedio más alta que las murallas para atacar el Puerto de Castilla mientras las defensas eran minadas. Ya sabéis, excavar un túnel para socavar los cimientos de las murallas. El plan era derruir parte de la muralla y tomar lo que quedara con la torre.
La Valette sabía, gracias a varios desertores turcos, que la muralla estaba siendo minada así que debía llevar cuidado a la hora de planificar el siguiente movimiento.
El 18 de agosto comenzó otro bombardeo y otro ataque. La Valette no envió refuerzos al lugar donde se encontraba la mina, algo que entristeció a Pachá, el cual quería que cuantos más caballeros estuvieran presentes en la caída de la muralla, mejor. El comandante turco dio la orden de derribar la mina, con lo que se abrió una brecha en los muros. Las tropas otomanas entraron y, esta vez, los caballeros se vieron abrumados. El pánico se extendió entre las filas hospitalarias y un monje avisó a La Valette para que fuera preparando la evacuación del lugar.
Pero el Gran Maestre no se daría por vencido tan fácilmente. Cogiendo una de las picas de los guardias, se lanzó hacia la brecha. Sus hombres, viendo como su líder arriesgaba su vida hasta el final, le siguieron sin pensarlo dos veces. El Maestre sufrió heridas en su pierna debido a una granada pero ni así lo pudieron parar. Hasta que no se recuperó la posición, no pidió que lo curaran.
Por la noche, los turcos volvieron a atacar.
Otra retirada turca permitió que los caballeros hicieran balance de la situación. Habían sufrido muchas bajas y la pólvora comenzaba a escasear.
El 19 de agosto fue el día del ataque más espantoso. Los turcos se retiraban y volvían a atacar las murallas cada dos por tres. La Valette sufrió una pérdida irreparable: la de su sobrino Henri. Aquí fue donde el Gran Maestre comenzó a mostrar señales de abatimiento pero no dejó que sus propios sentimientos lo guiaran y comenzó a diseñar un plan para acabar con la torre de asedio.
Los otomanos habían hecho un gran trabajo con la torre: la habían forrado de con trozos cuero para hacerla inmune a las armas incendiarias. Desde ella, los jenízaros podían abatir a los defensores sin ninguna dificultad.
El maestro carpintero de La Valette le aconsejó que el único punto débil del artilugio era la base. El Gran Maestre lo comprendió y ordenó que se hiciera un boquete en la base de la muralla donde se encontraba la torre pero que no se quitaran las piedras que protegían la cara exterior. En el túnel, colocó un cañón con balas incendiarias. Cuando todo estaba listo, los caballeros abrieron el muro y.... ¡KABOOM! El proyectil reventó la base de la torre. El ingenio de asedio comenzó a tambalearse. Los turcos empezaron a abandonarla pero, antes de que todos salieran, la torre se vino abajo. El muro se reparó en un instante.
Mientras tanto, Pachá atacaba Senglia con un artilugio: una especie de cartucho sellado relleno de pólvora cuyo objetivo era derribar lo que quedaba de muralla. Pero el cartucho fue llevado a la cara interior de la muralla para reventarla por ese lado, lo que fue aprovechado por los caballeros para devolvérselo cariñosamente a sus creadores. El carro que lo transportaba cayó a la zanja donde los turcos se protegían de la explosión. Claro, que la zanja estaba pensada para protegerlos de la explosión que se produciría al otro lado de la muralla, no delante de sus narices. Los defensores aprovecharon el momento en que los atacantes estaban recogiendo sus pedazos para hacerles huir.
CONTINUARÁ....
(Y os prometo que terminará en la siguiente entrega.)
Tras sufrir 3000 bajas en su bando, Mustafá Pachá decidió repetir, a mayor escala, la táctica que llevo acabo en San Elmo: rodear la fortaleza, cortar los suministros y atacar por varios frentes a la vez. Además, colocó varios cañones desde el monte Salvador hasta la bahía de Kalkara.
Pachá también pensó que podía ganarse el afecto de los habitantes de la isla, que eran descendientes de musulmanes, pero no funcionó porque los malteses estaban bastante contentos con los caballeros. Preferían ser "esclavos de San Juan antes que ser compañeros del Gran Turco".
Mientras tanto, La Valette dispuso varias defensas a lo largo de Kalkara en forma de botes hundidos unidos por cadenas y mandó levantar barricadas por las calles. La fuerza de rescate tardaba demasiado en llegar y era algo que preocupaba al Gran Maestre.
A la mañana siguiente, las penínsulas de Birgu y Senglia amanecieron bajo una brutal lluvia de proyectiles turcos. Era tal la polvareda levantada en San Miguel que no se podía llegar a ver nada. Ese fue el momento que los otomanos aprovecharon para atacar. Seis horas donde los turcos pudieron establecer varias cabezas de puente tras las defensas cristianas pero los hospitalarios consiguieron repeler el ataque.
Cinco días duró el bombardeo. El 7 de agosto, los turcos volvieron a atacar en oleadas. Estos llegaron al Puerto de Castilla donde aprovecharon una brecha en las defensas para entrar como un vendaval. Fueron recibidos con salvas de mosquetes, fuego griego y ruedas incendiarias. Los caballeros consiguieron repeler el ataque otra vez pero, esta vez, dejaron que el enemigo huyera para poder reparar la brecha.
Pero algo malo ocurría en San Miguel. La fortaleza estaba a punto de caer en manos turcas. Pachá decidió liderar el combate el mismo hasta que enmudeció cuando le informaron de que el campamento otomano estaba siendo atacado. Llegó a la conclusión de que serían los refuerzos cristianos.
En realidad, quien estaba atacando el campamento era la guarnición de la ciudad de Mdina que aprovecharon el ataque total de los turcos para destruir su campamento ahora que este estaba desprotegido. Quemaron tiendas, capturaron caballos y mataron a los enfermos y heridos. Pachá no podía creer lo que había sucedido. Por un descuido, le habían arrebatado una gran victoria.
La Valette seguía apesadumbrado ante la cruda realidad: los refuerzos no llegaban. Tan solo le que daba rezar para poder aguantar lo que se le venía encima. Sin embargo, el papa Pío IV promulgó una bula por la cual cualquier cristiano que luchase para defender Malta se le perdonarían sus pecados y podría reunirse con el Todopoderoso en el Paraíso. Todos los malteses se presentaron para defender su isla.
Pachá seguí empecinado en conquistar las fortalezas de la isla. Para ello, se le ocurrió llevar acabo un asedio de la vieja escuela construyendo una torre de asedio más alta que las murallas para atacar el Puerto de Castilla mientras las defensas eran minadas. Ya sabéis, excavar un túnel para socavar los cimientos de las murallas. El plan era derruir parte de la muralla y tomar lo que quedara con la torre.
La Valette sabía, gracias a varios desertores turcos, que la muralla estaba siendo minada así que debía llevar cuidado a la hora de planificar el siguiente movimiento.
El 18 de agosto comenzó otro bombardeo y otro ataque. La Valette no envió refuerzos al lugar donde se encontraba la mina, algo que entristeció a Pachá, el cual quería que cuantos más caballeros estuvieran presentes en la caída de la muralla, mejor. El comandante turco dio la orden de derribar la mina, con lo que se abrió una brecha en los muros. Las tropas otomanas entraron y, esta vez, los caballeros se vieron abrumados. El pánico se extendió entre las filas hospitalarias y un monje avisó a La Valette para que fuera preparando la evacuación del lugar.
Pero el Gran Maestre no se daría por vencido tan fácilmente. Cogiendo una de las picas de los guardias, se lanzó hacia la brecha. Sus hombres, viendo como su líder arriesgaba su vida hasta el final, le siguieron sin pensarlo dos veces. El Maestre sufrió heridas en su pierna debido a una granada pero ni así lo pudieron parar. Hasta que no se recuperó la posición, no pidió que lo curaran.
Por la noche, los turcos volvieron a atacar.
Otra retirada turca permitió que los caballeros hicieran balance de la situación. Habían sufrido muchas bajas y la pólvora comenzaba a escasear.
El 19 de agosto fue el día del ataque más espantoso. Los turcos se retiraban y volvían a atacar las murallas cada dos por tres. La Valette sufrió una pérdida irreparable: la de su sobrino Henri. Aquí fue donde el Gran Maestre comenzó a mostrar señales de abatimiento pero no dejó que sus propios sentimientos lo guiaran y comenzó a diseñar un plan para acabar con la torre de asedio.
Los otomanos habían hecho un gran trabajo con la torre: la habían forrado de con trozos cuero para hacerla inmune a las armas incendiarias. Desde ella, los jenízaros podían abatir a los defensores sin ninguna dificultad.
El maestro carpintero de La Valette le aconsejó que el único punto débil del artilugio era la base. El Gran Maestre lo comprendió y ordenó que se hiciera un boquete en la base de la muralla donde se encontraba la torre pero que no se quitaran las piedras que protegían la cara exterior. En el túnel, colocó un cañón con balas incendiarias. Cuando todo estaba listo, los caballeros abrieron el muro y.... ¡KABOOM! El proyectil reventó la base de la torre. El ingenio de asedio comenzó a tambalearse. Los turcos empezaron a abandonarla pero, antes de que todos salieran, la torre se vino abajo. El muro se reparó en un instante.
Mientras tanto, Pachá atacaba Senglia con un artilugio: una especie de cartucho sellado relleno de pólvora cuyo objetivo era derribar lo que quedaba de muralla. Pero el cartucho fue llevado a la cara interior de la muralla para reventarla por ese lado, lo que fue aprovechado por los caballeros para devolvérselo cariñosamente a sus creadores. El carro que lo transportaba cayó a la zanja donde los turcos se protegían de la explosión. Claro, que la zanja estaba pensada para protegerlos de la explosión que se produciría al otro lado de la muralla, no delante de sus narices. Los defensores aprovecharon el momento en que los atacantes estaban recogiendo sus pedazos para hacerles huir.
CONTINUARÁ....
(Y os prometo que terminará en la siguiente entrega.)
viernes, 10 de agosto de 2012
Un asedio legendario II
Bien, continuemos por donde lo habíamos dejado.
La Valette y sus hombres tuvieron que retirarse hacia el fuerte de San Miguel, situado en el monte Sciberas, unido por una línea defensiva a la fortaleza de San Ángelo. Tenían suerte de contar con abundante comida pero les seguían faltando soldados.
El 24 de junio, los vigías de San Ángelo divisaron los cuerpos decapitados de los caballeros que se quedaron a defender San Elmo. Como veis, los turcos no se andaban con chiquitas a la hora de ajusticiar al enemigo. Al ver el espectáculo, el Gran Maestre no se amilanó y estuvo más dispuesto todavía a expulsar a los turcos de Malta. Para bajar la moral otomana, La Valette ordenó disparar hacia las posiciones enemigas usando las cabezas de los prisioneros turcos como munición.
Buenas noticias llegaron al bando hospitalario: un contingente de rescate había llegado al norte de la isla proveniente de Sicilia. Comandado por el caballero De Robles, las fuerzas desembarcaron aún a pesar de que San Elmo había caido, consiguiendo rodear con mucho sigilo a las fuerzas otomanas ayudados por la niebla que se había levantado en aquella jornada, llegando a la ciudad de Birgu sin ningún contratiempo.
Cuando Pachá vio los estandartes en los muros de los regimientos de refuerzo, algo en su interior le hizo saber que algo iba mal. Deicidió enviar a un viejo esclavo cristiano para negociar la rendición de los caballeros. Los términos serían los mismos que los de Rodas: los caballeros podían abandonar Malta, poniendo rumbo a Sicilia.
La Valette, en un acto de gran astucia e inteligencia, ordenó colgar al esclavo. Este le pidió clemencia, algo que buscaba el Gran Maestre. La Valette le enseñó las fortificaciones al mensajero y a las filas de caballeros dispuestos para el combate. El esclavo captó la idea y, aterrorizado, volvió al campamento turco.
Viendo que su oferta fue rechazada, Pachá retomó el combate.
Ordenó que se colocara una batería de cañones en los Altos de Corradino que, junto con la que tenía en el monte Sciberas, someterían a la fortaleza de San Miguel a fuego cruzado. También trasladó algunos de sus barcos por vía terrestre hasta el puerto de Marga.
Mientras que se discutía que se debía hacer ante esto, un caballero que vigilaba el puerto divisó a un oficial turco haciendo señales. Cogió un bote y a unos cuantos hombres para acercarse hasta él pero, cuando estaban llegando, un grupo de soldados turcos se dirigían hacia allí. El oficial turco se lanzó al agua con el pequeño inconveniente de que no sabía nadar. Rescatado por los caballeros, consiguió llegar sano y salvo ante La Valette. El Gran Maestre se llevó una gran sorpresa cuando el hombre se presentó. No era turco, era griego y no uno normal. Era un Lascaris, descendiente de los mismísimos emperadores bizantinos. El oficial quería ayudar a los de su religión a vencer a aquellos bárbaros que dstronaron a sus antepasados y comenzó a relatar los planes de Pachá.
Al conocer las intenciones del comandante otomano, La Valette mandó colocar empalizadas a lo largo de la costa de Senglia. También hizo lo mismo en el sector septentrional de Birgu.
Pachá envió a unos nadadores para que destrozaran las defensas, sin éxito. Después, usó botes con cadenas para atarlas en las empalizadas y tirarlas. Algunas estacas fueron derribadas pero los caballeros las repararon enseguida.
El 15 de julio, comenzó el ataque turco.
Era un ataque contra las empalizadas pero, a pesar del gran número de botes, las defensas resistieron y más si los turcos fueron recibidos por una lluvia de disparos de mosquete. Aún bajo el fuego enemigo, los turcos desembarcaron. Sufrieron grandes bajas pero llegaron hasta los muros.
Por tierra, un contigente otomano apoyó el ataque anfibio, sin atemorizarse ante los cañones hospitalarios, llegando a escalar los muros.
Y la cosa no podía ir peor para los caballeros cuando un polvorín estalló en Senglia, abriendo un boquete en la muralla. Bajo el mando del caballero Zanoguerra, muchos hombres decidieron impedir el paso a los musulmanes, aún a costa de sus vidas. La Valette envió refuerzos a la brecha a través de un puente de botes, consiguiendo rechazar a los turcos.
Pachá envió diez botes con cien jenízaros cada uno para dar el golpe de gracia a los hospitalarios pero, desde San Ángelo, el caballero De Guiral observó las intenciones de Pachá. Ordenó cargar los cinco cañones que había en su posición con el máximo de metralla posible. El resultado: un montón de jenízaros hechos jirones (¿lo cogéis? Jenízaro, jirón... ¡Bah!).
El combate duró cinco horas. Los turcos que se quedaron en la zona tuvieron que huir despavoridos porque hasta los propios malteses salían de la fortaleza para matarlos.
Pachá, muy cabreado, ordenó que las baterías de Corradino y Sciberas abrieran fuego, matando a muchos defensores, entre ellos el hijo del virrey de Sicilia.
CONTINUARÁ...
La Valette y sus hombres tuvieron que retirarse hacia el fuerte de San Miguel, situado en el monte Sciberas, unido por una línea defensiva a la fortaleza de San Ángelo. Tenían suerte de contar con abundante comida pero les seguían faltando soldados.
El 24 de junio, los vigías de San Ángelo divisaron los cuerpos decapitados de los caballeros que se quedaron a defender San Elmo. Como veis, los turcos no se andaban con chiquitas a la hora de ajusticiar al enemigo. Al ver el espectáculo, el Gran Maestre no se amilanó y estuvo más dispuesto todavía a expulsar a los turcos de Malta. Para bajar la moral otomana, La Valette ordenó disparar hacia las posiciones enemigas usando las cabezas de los prisioneros turcos como munición.
Buenas noticias llegaron al bando hospitalario: un contingente de rescate había llegado al norte de la isla proveniente de Sicilia. Comandado por el caballero De Robles, las fuerzas desembarcaron aún a pesar de que San Elmo había caido, consiguiendo rodear con mucho sigilo a las fuerzas otomanas ayudados por la niebla que se había levantado en aquella jornada, llegando a la ciudad de Birgu sin ningún contratiempo.
Cuando Pachá vio los estandartes en los muros de los regimientos de refuerzo, algo en su interior le hizo saber que algo iba mal. Deicidió enviar a un viejo esclavo cristiano para negociar la rendición de los caballeros. Los términos serían los mismos que los de Rodas: los caballeros podían abandonar Malta, poniendo rumbo a Sicilia.
La Valette, en un acto de gran astucia e inteligencia, ordenó colgar al esclavo. Este le pidió clemencia, algo que buscaba el Gran Maestre. La Valette le enseñó las fortificaciones al mensajero y a las filas de caballeros dispuestos para el combate. El esclavo captó la idea y, aterrorizado, volvió al campamento turco.
Viendo que su oferta fue rechazada, Pachá retomó el combate.
Ordenó que se colocara una batería de cañones en los Altos de Corradino que, junto con la que tenía en el monte Sciberas, someterían a la fortaleza de San Miguel a fuego cruzado. También trasladó algunos de sus barcos por vía terrestre hasta el puerto de Marga.
Mientras que se discutía que se debía hacer ante esto, un caballero que vigilaba el puerto divisó a un oficial turco haciendo señales. Cogió un bote y a unos cuantos hombres para acercarse hasta él pero, cuando estaban llegando, un grupo de soldados turcos se dirigían hacia allí. El oficial turco se lanzó al agua con el pequeño inconveniente de que no sabía nadar. Rescatado por los caballeros, consiguió llegar sano y salvo ante La Valette. El Gran Maestre se llevó una gran sorpresa cuando el hombre se presentó. No era turco, era griego y no uno normal. Era un Lascaris, descendiente de los mismísimos emperadores bizantinos. El oficial quería ayudar a los de su religión a vencer a aquellos bárbaros que dstronaron a sus antepasados y comenzó a relatar los planes de Pachá.
Al conocer las intenciones del comandante otomano, La Valette mandó colocar empalizadas a lo largo de la costa de Senglia. También hizo lo mismo en el sector septentrional de Birgu.
Pachá envió a unos nadadores para que destrozaran las defensas, sin éxito. Después, usó botes con cadenas para atarlas en las empalizadas y tirarlas. Algunas estacas fueron derribadas pero los caballeros las repararon enseguida.
El 15 de julio, comenzó el ataque turco.
Era un ataque contra las empalizadas pero, a pesar del gran número de botes, las defensas resistieron y más si los turcos fueron recibidos por una lluvia de disparos de mosquete. Aún bajo el fuego enemigo, los turcos desembarcaron. Sufrieron grandes bajas pero llegaron hasta los muros.
Por tierra, un contigente otomano apoyó el ataque anfibio, sin atemorizarse ante los cañones hospitalarios, llegando a escalar los muros.
Y la cosa no podía ir peor para los caballeros cuando un polvorín estalló en Senglia, abriendo un boquete en la muralla. Bajo el mando del caballero Zanoguerra, muchos hombres decidieron impedir el paso a los musulmanes, aún a costa de sus vidas. La Valette envió refuerzos a la brecha a través de un puente de botes, consiguiendo rechazar a los turcos.
Pachá envió diez botes con cien jenízaros cada uno para dar el golpe de gracia a los hospitalarios pero, desde San Ángelo, el caballero De Guiral observó las intenciones de Pachá. Ordenó cargar los cinco cañones que había en su posición con el máximo de metralla posible. El resultado: un montón de jenízaros hechos jirones (¿lo cogéis? Jenízaro, jirón... ¡Bah!).
El combate duró cinco horas. Los turcos que se quedaron en la zona tuvieron que huir despavoridos porque hasta los propios malteses salían de la fortaleza para matarlos.
Pachá, muy cabreado, ordenó que las baterías de Corradino y Sciberas abrieran fuego, matando a muchos defensores, entre ellos el hijo del virrey de Sicilia.
CONTINUARÁ...
Un asedio legendario I
El tema del post de hoy se me ocurrió en una conversación por el correo privado de Sub con Vilem_Landerer
donde hizo una acertada comparación, así que agradecedle a él la idea.
Antes de nada, avisaros que lo dividiré en varias partes. Algo de esta
envergadura no se puede contar en un solo post.
Voy a relatar el que es uno de los asedios más legendarios de la historia: Malta. Para ello, debemos viajar al siglo XVI.
Los grandes imperios europeos estaban aterrados al ver el imparable avance del Imperio Otomano. Cuando las fuerzas turcas llegaron hasta Viena en el 1529, el pánico se desató, aunque más tarde el asedio a esta ciudad por parte de los otomanos fue un fracaso.
Pero Solimán no se quedaría cruzado de brazos e intentaría conquistar Europa por otro sitio: el mar Mediterráneo. Escaramuzas a bordo de galeras y con la ayuda de piratas tan famosos como Barbarroja o Dragut eran algo normal.
Mientras, una de las pocas órdenes militares de origen medieval que quedaban en pie (los templarios ya eran solo una leyenda y los teutones estaban cada vez más secularizados), la Orden de San Juan del Hospital, vagaba sin rumbo fijo por la Europa católica tras haber sido expulsada por las fuerzas turcas de su sede de Rodas.
Ante lo que se le venía encima, Carlos V pensó que sería una buena idea contar con el apoyo de estos monjes guerreros con el objetivo de parar el avance de Solimán. Ni corto ni perezoso, Carlos y su prominente mentón ofrecieron a la orden el control de las islas de Malta, Gozo y Comino en 1530. Los caballeros aceptaron de buen grado.
No os dejéis llevar por el término "caballero". Para la Orden de San Juan atrás quedaron los gloriosos años de cargar a caballo con la lanza en ristre contra los infieles. Su antigua posición en Rodas hizo que cambiara el caballo por los barcos, convirtiéndose en una especie de policía marítima.
Tras establecerse en Malta, los hospitalarios comenzaron una serie de asaltos a las flotas turcas. Solimán, como era lógico, se cabreó al saber de ello ya que él fue quien dejó que los caballeros abandonaran Rodas de forma pacífica. Era hora de contraatacar.
Mientras que Solimán preparaba a sus hombres para atacar a sus viejos enemigos, los caballeros llevaron acabo varias políticas de fortificación de la isla tras un ataque de Dragut, en 1551. Una de ellas fue la construcción del impresionante fuerte de San Elmo.
Fue el viernes 18 de mayo de 1565.
Una pequeña flota de galeras que realizaba labores de patrulla alrededor de la isla divisó a lo lejos una gran flota con las enseñas de la luna creciente. Los otomanos habían llegado.
Jean Parisot de la Valette, el Gran Maestre de la Orden, no se quedo de brazos cruzados al conocer la noticia. Envió un mensaje a Sicilia pidiendo ayuda y comenzó a preparar la defensa de la isla.
Los turcos desembarcaron en Mersasirocco tras dudar del lugar óptimo para desembarcar. Los caballeros se retiraron a las fortificaciones para resistir allí, igual que en Rodas, pero esta vez los turcos no tenían un único objetivo en el que concentrarse.
Tras la captura de un caballero que confesó donde estaba el punto más débil de la isla tras ser torturado, los turcos avanzaron. La Valette dejó que los caballeros más jóvenes se lanzaran al ataque. Mustafá Pachá, el comandante otomano, pensó que sus hombres habían masacrado a estos guerreros pero se quedó de piedra al saber que hubo más bajas entre los turcos que entre los hospitalarios.
Tras este incidente, Pachá decidió tomar San Elmo tras discutir con sus colegas en un consejo.
Es aquí donde dos soldados renegados otomanos se pasaron al enemigo. Estos le explicaron a La Valette el plan de los turcos. Con esta valiosa información en su poder, el Gran Maestre comenzó a reforzar el fuerte.
Los turcos emplazaron sus impresionantes cañones en el monte Sciberas. Recordad que los turcos eran los maestros del asedio y que sus cañones podían convertir en polvo un pedazo de muralla como si nada. Las piezas elegidas fueron 10 cañones de 80 libras, 2 de 60 y, atención, un basilisco de 160. El 24 de agosto, comenzó el bombardeo. Unas pocas horas después, las murallas comenzaban a desquebrajarse. Los centinelas que se asomaban para ver los desperfectos eran abatidos por jenízaros otomanos que utilizaban unos parapetos de camuflaje.
San Aubin, el comandante de la flota hospitalaria, intentó poner fin al bloqueo del puerto. Lo único que consiguió fue despistar a la flota otomana pero ya está.
El 29 de mayo, Pachá se despertaba con una mala noticia: los cristianos avanzaban a golpe de mosquete, haciendo que los turcos se retiraran. Se enviaron a los jenízaros para contraatacar, con un éxito aplastante.
Pero, al día siguiente, La Valette recibió una noticia que hizo que se le pusiera el pelo de punta: Dragut estaba en Malta. Uno de los piratas berberiscos más terribles estaba comandando la flota otomana. Su idea fue cortar la ruta de suministros que llegaba desde San Ángelo hasta San Elmo. Más tarde, decidió que la noche sería el momento idóneo para tomar las murallas de la fortaleza pero este ataque fue un fracaso debido a que el fuego griego no se lleva muy bien con los ropajes de seda que vestían los turcos.
Al día siguiente, los turcos bombardearon la maltrecha muralla. Varias secciones de esta se vinieron abajo pero los jenízaros que la asaltaron fueron vencidos con las tácticas anteriormente mencionadas.
Los caballeros se reunieron en consejo para decidir si había que evacuar San Elmo. Todos votaron que sí excepto La Valette, el cual había recibido una carta desde Nápoles la cual decía que se le iban a enviar refuerzos de inmediato. Tras vacilar en un primer momento, los caballeros apoyaron a su Maestre.
Los otomanos seguían realizando ataques, bastante desesperados, que terminaban con grandes bajas en su propio bando.
El 18 de junio, un grupo de artilleros cristianos apuntaron hacia la lujosa tienda de Pachá. La lluvia de piedras que originó el impacto hirió gravemente a Dragut. Esto minó la moral del ejército otomano.
Los otomanos aprovecharon la celebración del Corpus Christi para pillar desprevenidos a los caballeros. Fue un gran golpe para los hospitalarios. Los turcos habían conseguido entrar en San Elmo y los caballeros no tenían otro remedio que proteger a los civiles mientras huían. Muchos caballeros murieron combatiendo hasta el final. Tras la toma, Pachá envió una carta a Dragut para informarle de la victoria. El viejo pirata murió después de leerla.
Voy a relatar el que es uno de los asedios más legendarios de la historia: Malta. Para ello, debemos viajar al siglo XVI.
Los grandes imperios europeos estaban aterrados al ver el imparable avance del Imperio Otomano. Cuando las fuerzas turcas llegaron hasta Viena en el 1529, el pánico se desató, aunque más tarde el asedio a esta ciudad por parte de los otomanos fue un fracaso.
Pero Solimán no se quedaría cruzado de brazos e intentaría conquistar Europa por otro sitio: el mar Mediterráneo. Escaramuzas a bordo de galeras y con la ayuda de piratas tan famosos como Barbarroja o Dragut eran algo normal.
Mientras, una de las pocas órdenes militares de origen medieval que quedaban en pie (los templarios ya eran solo una leyenda y los teutones estaban cada vez más secularizados), la Orden de San Juan del Hospital, vagaba sin rumbo fijo por la Europa católica tras haber sido expulsada por las fuerzas turcas de su sede de Rodas.
Ante lo que se le venía encima, Carlos V pensó que sería una buena idea contar con el apoyo de estos monjes guerreros con el objetivo de parar el avance de Solimán. Ni corto ni perezoso, Carlos y su prominente mentón ofrecieron a la orden el control de las islas de Malta, Gozo y Comino en 1530. Los caballeros aceptaron de buen grado.
No os dejéis llevar por el término "caballero". Para la Orden de San Juan atrás quedaron los gloriosos años de cargar a caballo con la lanza en ristre contra los infieles. Su antigua posición en Rodas hizo que cambiara el caballo por los barcos, convirtiéndose en una especie de policía marítima.
Tras establecerse en Malta, los hospitalarios comenzaron una serie de asaltos a las flotas turcas. Solimán, como era lógico, se cabreó al saber de ello ya que él fue quien dejó que los caballeros abandonaran Rodas de forma pacífica. Era hora de contraatacar.
Mientras que Solimán preparaba a sus hombres para atacar a sus viejos enemigos, los caballeros llevaron acabo varias políticas de fortificación de la isla tras un ataque de Dragut, en 1551. Una de ellas fue la construcción del impresionante fuerte de San Elmo.
Fue el viernes 18 de mayo de 1565.
Una pequeña flota de galeras que realizaba labores de patrulla alrededor de la isla divisó a lo lejos una gran flota con las enseñas de la luna creciente. Los otomanos habían llegado.
Jean Parisot de la Valette, el Gran Maestre de la Orden, no se quedo de brazos cruzados al conocer la noticia. Envió un mensaje a Sicilia pidiendo ayuda y comenzó a preparar la defensa de la isla.
Los turcos desembarcaron en Mersasirocco tras dudar del lugar óptimo para desembarcar. Los caballeros se retiraron a las fortificaciones para resistir allí, igual que en Rodas, pero esta vez los turcos no tenían un único objetivo en el que concentrarse.
Tras la captura de un caballero que confesó donde estaba el punto más débil de la isla tras ser torturado, los turcos avanzaron. La Valette dejó que los caballeros más jóvenes se lanzaran al ataque. Mustafá Pachá, el comandante otomano, pensó que sus hombres habían masacrado a estos guerreros pero se quedó de piedra al saber que hubo más bajas entre los turcos que entre los hospitalarios.
Tras este incidente, Pachá decidió tomar San Elmo tras discutir con sus colegas en un consejo.
Es aquí donde dos soldados renegados otomanos se pasaron al enemigo. Estos le explicaron a La Valette el plan de los turcos. Con esta valiosa información en su poder, el Gran Maestre comenzó a reforzar el fuerte.
Los turcos emplazaron sus impresionantes cañones en el monte Sciberas. Recordad que los turcos eran los maestros del asedio y que sus cañones podían convertir en polvo un pedazo de muralla como si nada. Las piezas elegidas fueron 10 cañones de 80 libras, 2 de 60 y, atención, un basilisco de 160. El 24 de agosto, comenzó el bombardeo. Unas pocas horas después, las murallas comenzaban a desquebrajarse. Los centinelas que se asomaban para ver los desperfectos eran abatidos por jenízaros otomanos que utilizaban unos parapetos de camuflaje.
San Aubin, el comandante de la flota hospitalaria, intentó poner fin al bloqueo del puerto. Lo único que consiguió fue despistar a la flota otomana pero ya está.
El 29 de mayo, Pachá se despertaba con una mala noticia: los cristianos avanzaban a golpe de mosquete, haciendo que los turcos se retiraran. Se enviaron a los jenízaros para contraatacar, con un éxito aplastante.
Pero, al día siguiente, La Valette recibió una noticia que hizo que se le pusiera el pelo de punta: Dragut estaba en Malta. Uno de los piratas berberiscos más terribles estaba comandando la flota otomana. Su idea fue cortar la ruta de suministros que llegaba desde San Ángelo hasta San Elmo. Más tarde, decidió que la noche sería el momento idóneo para tomar las murallas de la fortaleza pero este ataque fue un fracaso debido a que el fuego griego no se lleva muy bien con los ropajes de seda que vestían los turcos.
Al día siguiente, los turcos bombardearon la maltrecha muralla. Varias secciones de esta se vinieron abajo pero los jenízaros que la asaltaron fueron vencidos con las tácticas anteriormente mencionadas.
Los caballeros se reunieron en consejo para decidir si había que evacuar San Elmo. Todos votaron que sí excepto La Valette, el cual había recibido una carta desde Nápoles la cual decía que se le iban a enviar refuerzos de inmediato. Tras vacilar en un primer momento, los caballeros apoyaron a su Maestre.
Los otomanos seguían realizando ataques, bastante desesperados, que terminaban con grandes bajas en su propio bando.
El 18 de junio, un grupo de artilleros cristianos apuntaron hacia la lujosa tienda de Pachá. La lluvia de piedras que originó el impacto hirió gravemente a Dragut. Esto minó la moral del ejército otomano.
Los otomanos aprovecharon la celebración del Corpus Christi para pillar desprevenidos a los caballeros. Fue un gran golpe para los hospitalarios. Los turcos habían conseguido entrar en San Elmo y los caballeros no tenían otro remedio que proteger a los civiles mientras huían. Muchos caballeros murieron combatiendo hasta el final. Tras la toma, Pachá envió una carta a Dragut para informarle de la victoria. El viejo pirata murió después de leerla.
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